El voto joven a la
extrema derecha
El pasado 27 de febrero el diario
Le Monde publicó un artículo titulado “Las injusticias del sistema
escolar, una máquina de hacer votar por la extrema derecha” (https://www.lemonde.fr/idees/article/2026/02/27/les-injustices-du-systeme-scolaire-machine-a-faire-voter-pour-l-extreme-droite_6668467_3232.html
).
Su autora, Sylvie Lecherbonnier,
explica que las desigualdades sociales que el sistema escolar no consigue
combatir se traducen en una fuerte tendencia a votar por la extrema derecha
entre quienes fracasan en él. En Francia es muy clara la correlación entre el
nivel educativo y el voto. Así, en el caso de las elecciones legislativas de
2024 (en las que la extrema derecha estuvo a punto de ganar), cerca de la mitad
de los electores con un nivel educativo inferior al bachillerato votaron a la
extrema derecha frente a un 22% de los graduados universitarios (bac +3).
Lecherbonnier cita el libro L’Emprise scolaire de los sociólogos
François Dubet y Marie Duru-Bellat en el que se habla de los vencedores del
sistema escolar, los cuales “adquieren conciencia de su mérito, se sienten
legítimos” y defienden “los valores liberales o los valores de izquierda”. Del
otro lado, están los vencidos, que se consideran “ignorados y menospreciados”'
y optan por “los partidos populistas que desconfían de las élites”.
En España esta correlación entre
nivel educativo y voto a la extrema derecha no es tan marcada. Sin embargo, lo
que es muy preocupante es el hecho de que Vox es la primera opción política
para los más jóvenes. No tengo aún suficientes datos aún para demostrarlo, pero
parece claro que en los grupos de edad comprendidos entre los 18 y los 30 años
el nivel educativo sí parece determinante.
Si nos vamos al barómetro del CIS
de enero de este año (3540), se detecta que, si consideramos los grupos de edad
de los entrevistados de entre 18 y 24 años y de entre 25 a 35, Vox es
claramente la opción preferida entre aquellos cuyo nivel educativo no va más
allá de la ESO: un 27,6% de entre los primeros y un 26,1% entre los segundos lo
votaría (aunque, respectivamente, el 27,6% y el 26,3% no sabe todavía por quien
votar). Al hacer este doble cruce de edad y de nivel educativo con la intención
de voto el número de casos es muy reducido: 60 para el primer grupo y 103 para
el segundo.
En el barómetro de diciembre
(3536), el 39% de los 45 entrevistados con un nivel de la ESO votaría a Vox y
otro 39% lo haría en blanco. Un 30% de los 112 entrevistados del otro grupo
etario repartiría sus votos entre Vox y SALF.
Para quienes como mucho han
completado la FP básica o la de grado medio la intención de voto no es tan favorable
a la extrema derecha en el barómetro de enero. Sin embargo, el de diciembre de
2025 detecta que se dispara la intención de voto a la extrema derecha de este grupo.
Así, Vox cosecharía casi el 40% de los votos para aquellos cuyas edades están
los 18 y los 24 años. Uno de cada cuatro de entre 25 y 34 haría lo propio. En
ambos grupos, una cuarta parte no votaría o no sabe todavía qué votar.
La situación se invierte – en el
barómetro de enero- entre quienes tienen educación superior (FP de grado
superior o titulación universitaria). Obviamente, son pocos quienes en la
franja más joven pueden tener un nivel de educación superior (que sería, por
término medio, de 20 años para la FP y de 22 para los graduados). En el primer
grupo estamos hablando de tan solo 60 casos. Aquí la izquierda obtendría en torno
a un tercio de los votos. En el segundo grupo (con 206 casos) el voto a la
izquierda casi alcanza a la mitad. Es llamativo el sorpasso
al PSOE de los partidos situados a su izquierda.
Obviamente, haría falta agregar
varios barómetros para ver si se corroboran las tendencias aquí apuntadas.
Parece
plausible considerar que estamos ante un voto de protesta o, si se quiere, de
enfado. ¿Qué puede pensar de la democracia un joven al que en su primer
contacto continuado con una institución estatal como es la escuela se le dice
que su manera de expresarse es inadecuada, que su familia es incompetente para
educarle, que sus modales no son los correctos? Es decir, desde sus primeros
compases en la escuela se le considera carne de cañón. Sabemos que hoy en día
no contar con un nivel educativo posobligatorio sitúa a la gente en una muy
mala posición en el mercado de trabajo. A este respecto, esto es lo que decía
Andreas Schleicher -el coordinador de los informes PISA- en su libro titulado Primera
clase:
En
febrero de 2008, tuve un intenso intercambio con los embajadores de la OTAN
sobre el trabajo de la OCDE en materia de desigualdad en las competencias y la
educación. Este tema se había incluido en el orden del día porque los
embajadores estaban preocupados por los efectos a largo plazo que estas
desigualdades podrían tener en la estabilidad geopolítica. Los responsables
políticos se están dando cuenta de que las desigualdades en la educación
constituyen un terreno fértil para el radicalismo (Schleicher, 2018, p. 145).
Por otro
lado, los postulados igualitaristas del feminismo le pueden parecer una estafa.
Lo que él ve es que a las chicas les va mucho mejor que a los chicos en la
escuela y, después, puede que igualmente mejor en el empleo. Sobre esta
cuestión, se puede leer el interesantísimo reciente artículo de Luis Ordóñez
sobre el desplome del feminismo (https://www.lavozdeasturias.es/noticia/opinion/2026/03/02/desplome-feminismo-causas-dice/00031772470872203286767.htm)
Si a esto
añadimos que es muy probable que viva en un barrio donde los servicios públicos
son insuficientes para atender a una población incrementada por la llegada de
inmigrantes, tenemos más que preparado el caldo del cultivo para el
florecimiento de la irracionalidad de la extrema derecha.
En
definitiva, o se acometen cambios radicales en la escolarización de las clases
populares -además de otros que mejoren sustantivamente los recursos públicos en
sus barrios- o estaremos condenados a que una parte sustancial de la juventud
considere que la democracia no es el mejor de los regímenes posibles. Tanta
reforma educativa no ha servido aún para acabar con un problema común a todos
los países: la lotería del nacimiento condiciona desmesuradamente la
trayectoria escolar. Es hora ya de ponerse a pensar en serio cómo revertir esta
lamentable situación y de actuar en consecuencia. Si bien las competencias en
materia de educación están transferidas a unas comunidades autónomas que
mayoritariamente consideran que este es un problema de esfuerzo individual y no
de clase social, desde el gobierno de la nación hay un cierto margen de
maniobra.
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