miércoles, 4 de marzo de 2026

El voto joven a la extrema derecha

 El voto joven a la extrema derecha

  El pasado 27 de febrero el diario Le Monde publicó un artículo titulado “Las injusticias del sistema escolar, una máquina de hacer votar por la extrema derecha” (https://www.lemonde.fr/idees/article/2026/02/27/les-injustices-du-systeme-scolaire-machine-a-faire-voter-pour-l-extreme-droite_6668467_3232.html ).

 Su autora, Sylvie Lecherbonnier, explica que las desigualdades sociales que el sistema escolar no consigue combatir se traducen en una fuerte tendencia a votar por la extrema derecha entre quienes fracasan en él. En Francia es muy clara la correlación entre el nivel educativo y el voto. Así, en el caso de las elecciones legislativas de 2024 (en las que la extrema derecha estuvo a punto de ganar), cerca de la mitad de los electores con un nivel educativo inferior al bachillerato votaron a la extrema derecha frente a un 22% de los graduados universitarios (bac +3). Lecherbonnier cita el libro L’Emprise scolaire de los sociólogos François Dubet y Marie Duru-Bellat en el que se habla de los vencedores del sistema escolar, los cuales “adquieren conciencia de su mérito, se sienten legítimos” y defienden “los valores liberales o los valores de izquierda”. Del otro lado, están los vencidos, que se consideran “ignorados y menospreciados”' y optan por “los partidos populistas que desconfían de las élites”.

 En España esta correlación entre nivel educativo y voto a la extrema derecha no es tan marcada. Sin embargo, lo que es muy preocupante es el hecho de que Vox es la primera opción política para los más jóvenes. No tengo aún suficientes datos aún para demostrarlo, pero parece claro que en los grupos de edad comprendidos entre los 18 y los 30 años el nivel educativo sí parece determinante.

 Si nos vamos al barómetro del CIS de enero de este año (3540), se detecta que, si consideramos los grupos de edad de los entrevistados de entre 18 y 24 años y de entre 25 a 35, Vox es claramente la opción preferida entre aquellos cuyo nivel educativo no va más allá de la ESO: un 27,6% de entre los primeros y un 26,1% entre los segundos lo votaría (aunque, respectivamente, el 27,6% y el 26,3% no sabe todavía por quien votar). Al hacer este doble cruce de edad y de nivel educativo con la intención de voto el número de casos es muy reducido: 60 para el primer grupo y 103 para el segundo.

 En el barómetro de diciembre (3536), el 39% de los 45 entrevistados con un nivel de la ESO votaría a Vox y otro 39% lo haría en blanco. Un 30% de los 112 entrevistados del otro grupo etario repartiría sus votos entre Vox y SALF.

           Para quienes como mucho han completado la FP básica o la de grado medio la intención de voto no es tan favorable a la extrema derecha en el barómetro de enero. Sin embargo, el de diciembre de 2025 detecta que se dispara la intención de voto a la extrema derecha de este grupo. Así, Vox cosecharía casi el 40% de los votos para aquellos cuyas edades están los 18 y los 24 años. Uno de cada cuatro de entre 25 y 34 haría lo propio. En ambos grupos, una cuarta parte no votaría o no sabe todavía qué votar.

 La situación se invierte – en el barómetro de enero- entre quienes tienen educación superior (FP de grado superior o titulación universitaria). Obviamente, son pocos quienes en la franja más joven pueden tener un nivel de educación superior (que sería, por término medio, de 20 años para la FP y de 22 para los graduados). En el primer grupo estamos hablando de tan solo 60 casos. Aquí la izquierda obtendría en torno a un tercio de los votos. En el segundo grupo (con 206 casos) el voto a la izquierda casi alcanza a la mitad. Es llamativo el   sorpasso al PSOE de los partidos situados a su izquierda. 

 Obviamente, haría falta agregar varios barómetros para ver si se corroboran las tendencias aquí apuntadas.

             Parece plausible considerar que estamos ante un voto de protesta o, si se quiere, de enfado. ¿Qué puede pensar de la democracia un joven al que en su primer contacto continuado con una institución estatal como es la escuela se le dice que su manera de expresarse es inadecuada, que su familia es incompetente para educarle, que sus modales no son los correctos? Es decir, desde sus primeros compases en la escuela se le considera carne de cañón. Sabemos que hoy en día no contar con un nivel educativo posobligatorio sitúa a la gente en una muy mala posición en el mercado de trabajo. A este respecto, esto es lo que decía Andreas Schleicher -el coordinador de los informes PISA- en su libro titulado Primera clase:

 En febrero de 2008, tuve un intenso intercambio con los embajadores de la OTAN sobre el trabajo de la OCDE en materia de desigualdad en las competencias y la educación. Este tema se había incluido en el orden del día porque los embajadores estaban preocupados por los efectos a largo plazo que estas desigualdades podrían tener en la estabilidad geopolítica. Los responsables políticos se están dando cuenta de que las desigualdades en la educación constituyen un terreno fértil para el radicalismo (Schleicher, 2018, p. 145).

             Por otro lado, los postulados igualitaristas del feminismo le pueden parecer una estafa. Lo que él ve es que a las chicas les va mucho mejor que a los chicos en la escuela y, después, puede que igualmente mejor en el empleo. Sobre esta cuestión, se puede leer el interesantísimo reciente artículo de Luis Ordóñez sobre el desplome del feminismo  (https://www.lavozdeasturias.es/noticia/opinion/2026/03/02/desplome-feminismo-causas-dice/00031772470872203286767.htm)

             Si a esto añadimos que es muy probable que viva en un barrio donde los servicios públicos son insuficientes para atender a una población incrementada por la llegada de inmigrantes, tenemos más que preparado el caldo del cultivo para el florecimiento de la irracionalidad de la extrema derecha.

             En definitiva, o se acometen cambios radicales en la escolarización de las clases populares -además de otros que mejoren sustantivamente los recursos públicos en sus barrios- o estaremos condenados a que una parte sustancial de la juventud considere que la democracia no es el mejor de los regímenes posibles. Tanta reforma educativa no ha servido aún para acabar con un problema común a todos los países: la lotería del nacimiento condiciona desmesuradamente la trayectoria escolar. Es hora ya de ponerse a pensar en serio cómo revertir esta lamentable situación y de actuar en consecuencia. Si bien las competencias en materia de educación están transferidas a unas comunidades autónomas que mayoritariamente consideran que este es un problema de esfuerzo individual y no de clase social, desde el gobierno de la nación hay un cierto margen de maniobra.

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