La docencia universitaria en la era de la IA: una propuesta
En estos días previos al comienzo de
curso, buena parte del profesorado universitario está dándole vueltas a cómo
incorporar —y, en algunos casos, rechazar— el uso de la inteligencia artificial
(IA) en nuestra docencia.
Dado que la IA puede realizar aceptablemente bien muchas
de las tareas que solicitamos a nuestros (-as) estudiantes, creo que no queda
más remedio que incrementar las actividades que puedan realizarse y evaluarse
dentro del aula. De paso, fomentamos la evaluación continua.
Lo que aquí presento es un resumen de lo que hasta ahora
me estoy planteando para mi docencia en la facultad de Sociología de la UCM.
Antes que nada, advierto que lo habitual —al ser más bien profesor del turno de
tarde— es que no tenga matriculados más de treinta estudiantes (y con el
sistema que seguidamente explico es casi seguro que serán algunos menos: de hecho,
siempre lo han sido). Con un número superior habría que repensar las propuestas
que aquí planteo o incluso obviarlas.
Cada curso consta de poco más de treinta sesiones de algo
más de noventa minutos (dos horas con una pausa intermedia). De ellas, dos se
dedicarán a los exámenes parciales y cinco a las presentaciones de trabajos de
investigación — dependiendo de su número— por parte de los estudiantes. Las
veintitrés restantes son sesiones mixtas que combinan, a partes iguales, debate
y explicación: cuarenta y cinco minutos de debate sobre el tema correspondiente
—serían diez los temas en total— o sobre la lectura de ese mismo tema, y
cuarenta y cinco minutos de explicación del tema en curso. La estructura típica
de una semana —hay dos sesiones semanales: lunes y martes, por ejemplo— podría
ser esta: el lunes, debate sobre el tema ya visto y comienzo de la explicación
del tema siguiente; el martes, debate sobre la lectura de ese tema anterior y
final de la explicación del nuevo. Cada tema recibe así unos noventa minutos de
explicación y otros noventa de debate: primero lo explico —por supuesto,
siempre con la posibilidad de que el estudiantado intervenga durante esta explicación—,
después los estudiantes discuten sobre la lección y, por último, sobre la
lectura.
Cada tema cuenta con un PowerPoint —disponible en el
campus virtual antes de su explicación e incluye los fragmentos de vídeo que se
proyectarán en clase— y con una lectura asociada, igualmente disponible en el
campus.
En cada sesión se planteará una cuestión —sobre la
lección explicada o sobre la lectura, según el día— y se trabajará sobre ella
en una secuencia fija de cinco tiempos.
1. Observación inicial (dos minutos). Un breve
manuscrito de dos o tres renglones sobre el debate de la sesión anterior, en el
que se indicará si se mantiene o se modifica la posición previamente defendida
y por qué.
2. Miniensayo (diez minutos). Escritura
individual manuscrita de una toma de posición sobre la cuestión que se plantee:
entre seis y ocho renglones, sin internet, sin móviles, sin ordenadores y sin
relojes inteligentes. Antes de entregarlo, con indicación de nombre y apellidos,
es altamente recomendable hacerle una foto del escrito, de modo que cada cual
pueda construir una carpeta digital con todos ellos. El texto se entrega al
terminar de escribirlo y acredita la asistencia a clase.
3. Discusión en pequeños grupos (diez
minutos). Grupos de tres a seis personas que se autoorganizan y discuten sobre lo
que cada cual ha escrito. Durante la discusión se puede usar el móvil: para
consultar la foto de los escritos, buscar un dato… Todo el mundo ha de tomar
notas de lo discutido, ya que cualquiera puede resultar designado portavoz.
4. Contraste con la IA (cinco
minutos). Cada cual, individualmente, pedirá a la herramienta de IA que prefiera un
argumento en contra de la posición que acaba de defender por escrito o una
visión crítica de esta: ¿qué mejorar?, ¿qué cambiar? Es recomendable que en
cada grupo se consulten distintas IA —Claude, ChatGPT, Gemini, DeepSeek u
otras—: así el contraste posterior resultará más enriquecedor.
5. Debate global (en torno a quince o
veinte minutos). El profesor designará aleatoriamente, entre los miembros
de cada grupo, a quien presentará a la clase un resumen de la discusión,
apoyándose en sus propias notas. Esta designación se hará al final,
precisamente para que todos deban estar preparados para exponer. Se procurará
que, a lo largo del curso, todos sean portavoces un número similar de veces. El
debate se basará en lo expuesto por los portavoces, en las objeciones u
observaciones que la IA haya planteado —que podrán exponerse públicamente— y de
la lectura que yo haya hecho de los manuscritos durante los quince minutos de
las fases 3 y 4. Al comentar en el aula aspectos de esos manuscritos nunca diré
quién es su autor o autora, a menos que alguien reivindique en el debate que
tal observación es suya.
Cada tres o cuatro sesiones, cada estudiante recibirá una
valoración de sus escritos conforme a la siguiente escala:
•
Deficiente: no toma posición sobre la cuestión planteada o la
enuncia sin ofrecer razón alguna, o la redacción resulta incoherente.
•
Pasable: toma posición y la apoya en al menos una razón.
• Notable: además, desarrolla un razonamiento, es decir, encadena
varias razones, distingue planos o aspectos de la cuestión, o toma en
consideración una posición distinta de la propia.
• Excelente: además, conecta lo escrito con otros contenidos
sociológicos, de la actualidad o del pasado, o identifica una posible objeción
a su propia posición y le da respuesta.
Cada momento del curso contiene
indicaciones sobre el uso de la IA. No se puede utilizar cuando se escribe a
mano —en el miniensayo y en las pruebas parciales—. Está permitida durante los
cinco minutos de cada sesión que siguen a la discusión en grupo. También lo
está en el trabajo de investigación, pero con transparencia: puede usarse como instrumento
de apoyo (búsqueda de ideas, revisión de la redacción, contraste de
interpretaciones) indicando qué herramientas se emplearon, para qué tareas y
qué sugerencias se aceptaron o se descartaron y por qué. La responsabilidad
sobre el contenido íntegro del trabajo, incluidos errores y citas, corresponde
en todo caso a sus autores. La IA puede redactar un informe sobre, por ejemplo,
un centro escolar. Lo que no puede es haber estado allí, sea el caso, un viernes
por la mañana. Por eso lo que se evalúa es lo insustituible. En todo caso, las
tutorías permitirán al profesor conocer de antemano qué se está haciendo.
Cada tema lleva asociada una lectura, disponible en el
campus virtual. Soy consciente de que la tentación de no leer es muy fuerte.
Por eso el curso está montado para que leer merezca la pena, aunque ser por
razones meramente instrumentales. Cada lectura tiene su propio debate de
cuarenta y cinco minutos en el que el miniensayo del día versará sobre el
propio texto y no sobre generalidades: quien viene con la lectura hecha escribe
y debate con ventaja. Además, cuatro de las siete preguntas de cada parcial
procederán de las lecturas. Leer, en consecuencia, no es opcional.
Los trabajos de investigación funcionan como un pequeño
congreso científico. En el campus se propondrá una variedad de temas y, previa
negociación con el profesor, siempre podría haber otros. Tras la investigación
(sea o no trabajo de campo, aunque se recomienda que lo sea) hay que escribir
un texto de entre 1.500 y 2.000 palabras, como en los congresos que organiza la
Federación Española de Sociología. Se entregará al menos tres semanas antes de
la fecha de presentación, plazo que permite acometer, si fuera el caso, las
sugerencias realizadas por el profesor. Si el trabajo fuera de una calidad
ínfima, no se podría presentar en clase. En tal caso, el 20% de la nota final
asignado a la presentación —como se puede ver más abajo— se asignará al bloque
de examen el cual en este caso representaría el 70% de la nota final. Cada
trabajo habrá de exponerse en público durante unos diez minutos en las últimas
semanas del curso. Está terminantemente prohibido leer el texto de la
presentación: se permite un guion de apoyo de una cuartilla como máximo y, si
se usaran diapositivas, estas deben carecer de párrafos. Se trata de presentar
para dar que pensar: una tesis clara que se pueda discutir vale más que diez
diapositivas impecables que no dicen nada. Es lo que en las TED Talks se
llama ideas worth spreading (ideas que merece la pena difundir). En
definitiva, prohibido aburrir. Y, finalmente, tras la exposición se abre un
debate con preguntas del profesor, de la pareja relatora —compañeros que habrán
recibido y leído el texto con antelación y abrirán el debate con al menos una
pregunta o un comentario crítico— y del resto de la clase. La capacidad de
responder a preguntas no anticipadas sobre el propio trabajo es el criterio
principal de la defensa. Todos los estudiantes serán relatores del trabajo de
otros.
Las clases dedicadas a las presentaciones son sesiones
lectivas ordinarias. En los últimos cinco minutos de cada una de estas
sesiones, quienes no hayan presentado ese día —relatores incluidos—
manuscribirán, en seis u ocho renglones, un escrito con esta consigna: de
las presentaciones de hoy, elige la que más te haya hecho pensar y explica por
qué: qué se sostuvo y qué le preguntarías o le objetarías. No se pide una
valoración («estuvo bien»), sino una reconstrucción, alguna objeción, con qué
se está de acuerdo y por qué. Estos escritos llevarán el nombre de su autor o
autora, se fotografían antes de entregarse, acreditan la asistencia y se
incorporan a los lotes de escritos de aula, con la escala evaluativa ya vista.
Habrá dos pruebas parciales liberatorias, presenciales y
manuscritas, cuya superación exime de realizar la prueba final. Se trata de
responder a cinco preguntas libremente elegidas de entre siete, manuscribiendo
entre ocho y doce renglones por respuesta, en una hora u hora y cuarto. Cuatro
de esas siete preguntas procederán de las lecturas; las restantes, de las
explicaciones de clase, vídeos incluidos. Se recomienda hacer una foto del
examen antes de entregarlo. Se subirán al campus ejemplos de preguntas de años
anteriores.
Son estudiantes asistentes quienes hayan acudido a la
mayoría de las sesiones (con más de cinco ausencias serían considerados no
asistentes, aunque podría haber alguna excepción documentalmente justificada).
La entrega del manuscrito diario acredita la asistencia. Así es como se
distribuiría la nota final:
Bloque 1. Pruebas de conocimiento
(50%). Las dos pruebas parciales liberatorias ya descritas (25% + 25%), cuya
superación exime de realizar el examen ordinario (o, en su caso, el
extraordinario).
Bloque 2. Trabajos y prácticas (40%). Escritos de aula
(20%), valorados conforme a la escala descrita, y trabajo de investigación con
su presentación y defensa oral (20%).
Bloque 3. Participación (10%). Los escritos de
aula constituyen la evidencia ordinaria de participación en el desarrollo de la
materia. Una participación oral excepcional y sostenida en los debates mejorará
la calificación final, y podrá asimismo tenerse en cuenta la asistencia a actividades
voluntarias relacionadas con la asignatura (conferencias, seminarios y otras de
índole similar).
Los estudiantes no asistentes harán un examen final
presencial y manuscrito sobre la totalidad del programa (100%). En todo caso,
aunque alguien se considere no asistente (porque prevé claramente que va a
faltar a más de cinco sesiones), siempre tendrá la posibilidad de acudir como
oyente a las sesiones que considere oportunas.
Dicho esto, son varias las inquietudes o dudas que me asaltan.
En una titulación como la de Sociología, si el profesorado es exigente, es decir,
si hace cosas como requerir la asistencia regular o invitar a pensar, a leer, a
escribir… es muy probable que se quede con pocos estudiantes. Téngase en cuenta
que muchos de ellos no tienen gran interés ni por la Sociología ni, quizás, por el trabajo
intelectual. De hecho, lo que quieren es acabar cuanto antes la titulación y
con el menor esfuerzo posible. Además, siempre tienen la posibilidad de
matricularse con un profesorado menos exigente. Tampoco se me escapa que esta propuesta
supone más dedicación docente: los incentivos profesionales están
en la investigación y las publicaciones y no en la docencia.