viernes, 18 de mayo de 2018

A baccalaureate diploma in the service of capitalism


A baccalaureate diploma
 in the service of capitalism
Lately I have been visiting several secondary schools for research purposes. This has allowed me to reflect on the possible behavior of those students who require a high qualification in order to enroll in those degrees with a particularly high entrance mark - the archetypal case being Medicine. From the very beginning of the first year of high school, they are forced to put all their efforts into achieving the highest marks in each and every subject, regardless of the degree of interest they might have in it, to the point that many of them, regardless of their religious beliefs, decide to enroll in the subject of Catholic Religion because they perceive that it is much easier to obtain a good grade in this subject than in its counterpart in Ethics.
As I have already commented in some previous posts in this blog, it is very difficult for me to think that there are students who, like some kind of “academicist” Leonardo Da Vinci, could have a very deep interest in each and every subject. It seems clear that what can lead them to seek these good grades is solely and exclusively the desire to be able to access the career of their choice. In short, in an important number of subjects, instrumental interest would prevail over expressive interest: a kind of alienation in which the important thing is not authentic learning, but to achieve good grades. In this context, it is not surprising that in a class of just over thirty students a minimum of twenty-five students would request a review of their exam.
Everyone knows that getting a good grade, more often than not, implies getting along with the corresponding teacher, or at least not getting along badly or avoiding open dissent.
With this type of baccalaureate and its consequent model of university entrance, Einstein would almost certainly not have studied physics - and certainly he would not have entered the double degree in physics and mathematics.
However, this should not be the case. As an example, it is known that in Finland only a minority of the secondary school students who aspire to such studies - about ten per cent of the applicants - enter the Grades leading to the teaching profession. However, this does not mean that selection is based on high school and college entrance grades. In an article published in, Pasi Sahlberg - a renowned Finnish educational researcher - reported that his niece, a student with excellent grades, was not admitted to the faculty that trains primary school teachers at the University of Helsinki. This is how Sahlberg explains the selection process:
Let’s take a closer look at the academic profile of the first-year cohort selected at the University of Helsinki. The entrance test has two phases. All students must first take a national written test. The best performers in this are invited on to the second phase, to take the university’s specific aptitude test. At the University of Helsinki, 60% of the accepted 120 students were selected on a combination of their score on the entrance test and their points on the subject exams they took to complete their upper-secondary education; 40% of students were awarded a study place based on their score on the entrance test alone
In short, the idea that the best are selected in academic terms is nothing more than a myth. Things are done this way because it is considered that very different types of people can be excellent teachers.
But they don’t do this because they know that teaching potential is hidden more evenly across the range of different people. Young athletes, musicians and youth leaders, for example, often have the emerging characteristics of great teachers without having the best academic record. What Finland shows is that rather than get “best and the brightest” into teaching, it is better to design initial teacher education in a way that will get the best from young people who have natural passion to teach for life.
What I wonder is what kind of person can become one who, from the early age of sixteen, enters this maddening career to excel in all subjects. I don't have any data on the subject, but in more than one school I have heard through the grapevine about how common it is for anxiety attacks to occur in the run-up to exams.
Finally, why in this entry do I speak of a baccalaureate being at the service of capitalism? In an excellent paper, Jean Anyon analysed, on the basis of ethnographic research, the functioning of five schools: two working class schools, one middle class, one for the children of professionals and the last one for the children of high executives (mostly multinational managers). In the latter one, the feature highlighted by this researcher was the predominance of the appropriation of knowledge. This is no more than a mere commodity with which to obtain educational credentials and a better position in the labor market. This is the education we are giving our brightest teenagers and I don't think this seems to matter much.

lunes, 23 de abril de 2018

Cómo aprender inglés, o perfeccionarlo, sin apenas gastar dinero


Cómo aprender inglés, o perfeccionarlo, sin apenas gastar dinero

He aquí unos cuantos links y consejos para aprovechar los inmensos recursos que, de modo mayoritariamente gratuito, ofrece Internet para mejorar nuestro conocimiento –habitualmente insuficiente- del inglés.

Posiblemente, muchas personas habrán padecido el mismo problema que yo, y el cual no es otro que el de haber dedicado años y años de un modo disperso, y quizás incoherente, al aprendizaje del inglés. Es por este motivo por el que lo primero que recomendaría es preparar y hacer exámenes de ensayo (mock exams) de cualquiera de las instituciones o centros que certifican el nivel de un idioma (que en Europa serían, de menor a mayor, A1, A2, B1, B2, C1 y C2). Pongamos que, por ejemplo, optamos por el First Certificate (equivalente al nivel B2, el que permite a un estudiante matricularse en una universidad extranjera). En Youtube tenemos los ejercicios de audio (listening exercices) de todos los niveles. En el caso del First, basta con dirigirse, por ejemplo, a https://www.youtube.com/watch?v=ZNgoxd547f0. Aquí tenemos lo siguiente: Listening B2, FCE Practice 2015, Test 1, Part 1. En la parte izquierda de la pantalla aparecen los vídeos correspondientes al resto de los ejercicios de listening. El libro del que proceden se localiza en la parte inferior, cuyo link es este: http://www.mediafire.com/file/wy36qp1sx9eepc7/FCE+Practice+Tests+2015.pdf

En este libro tenemos cuatro exámenes completos del First, cuya realización -de cada uno de ellos- nos llevará un mínimo de tres horas, a las que habría que añadir el tiempo que empleemos en su corrección, la cual aparece al final del libro. En la red, podemos encontrar los libros de los exámenes más antiguos. Los más nuevos pueden adquirirse en cualquier librería por un módico precio.

 

De entre todos estos ejercicios, hay dos que requieren ineludiblemente contar con un profesor que nos pueda ayudar. Se trata de los ejercicios de escritura y de los consistentes en hablar (writing y speaking, respectivamente). Para solucionar este problema, lo que yo he hecho ha sido entrar en la web de Verbling. Se trata de una página que ofrece cientos de profesores de inglés –con una amplia diversidad de precios- cuyas clases se hacen a través de la  web de Verbling. Es un sistema similar al hangout de Google o a Skype. No hay problema alguno en subir un texto de manera que sea corregido interactuando con nuestro profesor.

 

Esta sería, digamos, la parte más académica de nuestro aprendizaje o puesta al día. Más allá de estos mock exams, tenemos una variedad casi infinita de recursos para ampliar nuestro conocimiento del inglés y, de paso, de cualquier materia que pudiera interesarnos.

           

En lo que se refiere a los textos, existe la posibilidad de leer prensa de calidad gratuitamente –aunque alguna contribución económica siempre se agradecería-. Este sería el caso, entre otros, de periódicos británicos como The Guardian  o The Independent. Sin duda, su lectura es un buen modo de estar al tanto no solo de la actualidad, sino del uso actual y cotidiano del inglés. Algunos de los artículos publicados en The Guardian son traducidos por eldiario.es. El diario El País cuenta con una pequeña sección llamada El País in English en la que se puede encontrar la traducción de artículos originalmente escritos en español. Esto permite hacer ejercicios de traducción partiendo del texto en inglés y traducirlo al castellano, para compararlo con la traducción de eldiario.es o partiendo de su traducción al castellano traducirlo al inglés (traducciones directa e inversa). Esto mismo se puede hacer con libros o poemas de los que tengamos las versiones inglesa y española. Antes de abandonar la prensa, no puedo dejar de citar la posibilidad de suscribirse a los artículos de opinión del New York Times por tan solo 4,5€ al mes (se puede ver un máximo de diez artículos al mes sin pagar absolutamente nada, pero puedo asegurar que merece la pena leer un mínimo diario de dos o tres artículos de este tipo).

 

En lo que se refiere a los libros, la web meetup ofrece la posibilidad de incorporarse a grupos de personas que se dan cita una vez al mes para comentar un libro previamente seleccionado. Se trata de grupos en los que fácilmente la mitad de sus miembros son angloparlantes nativos que se reúnen en algún pub en horas en las que hay poca clientela (el coste no va más allá de hacer un par de consumiciones). Algunas bibliotecas públicas organizan clubes de lectores.

 

De entre los diccionarios en red, quizás el más recomendable sea Wordreference. Si lo que se desea es encontrar la traducción de frases enteras, la opción es Linguee. Si lo que se busca es la etimología de una palabra, se puede recurrir a https://www.etymonline.com/search?q=best . Si el uso de una palabra wordinasentence.com. Los diccionarios monolingües son una muy interesante opción.

 

Para desarrollar nuestra capacidad de comprensión oral hay una ingente y creciente cantidad de recursos. Las charlas TEDtalks –cuya duración no va más allá de los veinte minutos- son una fuente de conocimiento impagable. En su página oficial hay más de una decena de idiomas para los subtítulos. Todas las series televisas pueden merecer la pena. Mi consejo sería optar por aquellas en las que continuamente se está dialogando y cuyo léxico sea particularmente variado y rico. Mis favoritas son Frasier, Yes Minister y Yes, Prime Minister. En la primera prepondera un lenguaje culto, aunque, gracias a la diversidad de personajes, aparecen diferentes códigos lingüísticos. Las otras dos son una parodia hilarante del código lingüístico elaborado de la clase dominante británica. Creo que todos los episodios están disponibles en Youtube. En todo caso, los DVDs están a la venta. Otras series podrían ser Big Bang Theory, Cheers o Friends.  Ni qué decir tiene que lo aconsejable, si se ha de recurrir a los subtítulos, es que estos sean en inglés. Algunas plataformas, como Movistar, permiten elegir el idioma de los subtítulos. Los textos con los subtítulos de estas series son fácilmente localizables en la red. Para ello basta con escribir el nombre de la serie y las palabras script o transcript.

 

Creo que no puede aprenderse un idioma sin reírse con él. A mí me gustan especialmente los stand-up comedians británicos. Se nota que muchos de ellos (pienso en Rowan Atkinson –para muchos, Mr. Bean- o John Cleese) se han formado en las mejores universidades de su país. Mi favorito es Eddie Izzard (quien además es capaz de hacer ingeniosos monólogos en un entrañable y chapucero francés y español). A él, claro está, añadiría -además de los mentados Atkinson y Cleese- a Jimmy Carr, Ricky Gervais, Russell Brand y un largo etcétera (la lista se puede ampliar simplemente escribiendo en un buscador “best British stand-up comedians”). Y, siguiendo con el humor, no puedo dejar de citar programas de actualidad del tipo Late Motiv de Buenafuente. Destacaría, entre otros, los de Stephen Colbert, Trevor Noah y John Oliver.

 

            En lo que se refiere a las películas, las más recomendables son las basadas en diálogos (las adaptaciones de obras de teatro son una apuesta segura).


En cuanto a la música, artistas como Bob Dylan o Leonard Cohen son una fuente inagotable de bellas expresiones y de un léxico variado.

Las diferentes emisoras de radio ofrecen podcasts de sus emisiones. BBC4 puede ser una buena opción. También cabe la posibilidad de bajar en MP3 el audio de los vídeos de Youtube.

            Para mejorar la pronunciación de modo pasivo, lo más recomendable son los vídeos Daily pronunciation disponibles en Youtube. Para hacerlo de modo activo, hay, como mínimo, dos webs, dictation.io y speechlogger, que transcriben lo que decimos en voz alta. Aunque no funcionan de un modo del todo preciso, es todo un desafío ver de qué manera se transcribe nuestro discurso.

Y, claro está, irse a un país de habla inglesa y desenvolverse en un escenario en el que no quede más remedio que hablar inglés es la vía más rápida y eficaz para dominar este idioma.

Nada más. Espero que con este texto haya puesto mi grano de arena en lo que podría ser un nuevo movimiento de renovación del aprendizaje y de liberación del tostón escolar al que, siguiendo la estela de los últimos trabajos de Fernández Enguita, podríamos llamar “menos aula y más escuela” o “menos aula y más educación” o “teacher, leave the kids alone (at least just a little bit)”. También sería una propuesta similar a de la clase invertida (flipped classroom). La gente puede aprender mucho por su cuenta y el papel del profesor se verá reforzado cuando se convierta en un agente que ayude a impulsar y a completar los aprendizajes.

miércoles, 18 de abril de 2018

La ley del silencio en la universidad


La ley del silencio en la universidad
            Las lamentables noticias que han aflorado con motivo del fraude del máster universitario de Cristina Cifuentes obligan a reflexionar sobre cómo es posible que en una institución democrática, como sería el caso de la universidad, pueda darse un grado de complicidades tal –por acción o por omisión- que permita que alguien obtenga un título de carácter presencial sin pisar las aulas ni presentar el trabajo de fin de máster. Al igual que ya comenté en este mismo blog sobre el acoso sexual, este tipo de prácticas posiblemente era ampliamente conocida y ha tenido que ser la prensa, una vez más, la que se encargue de sacar a relucir todo este percal.
            Más allá del vergonzoso caso de Cifuentes, lo cierto es que la universidad –da igual que sea pública o privada- es una institución en la que, en principio, todo profesor es sospechoso de resultar hostil a cualquier otro. Es un escenario en el que los profesores de cierto nivel –sobre todo los catedráticos o quienes cuentan con cierto número de sexenios de investigación- juzgan a los demás y, a su vez, se juzgan entre sí. Como nadie sabe quién puede juzgar a quién en el futuro, la prudencia aconseja no meterse en líos.
            Ingenuamente, lo reconozco, pensaba que el hecho de que para tener una plaza fija en la universidad –como contratado doctor, profesor titular o catedrático- hubiera que pasar previamente por el filtro externo de la acreditación de la ANECA –o agencias equivalentes en algunas comunidades autónomas- habría suprimido el poder de los próceres locales de cada universidad, facultad o departamento. Pero téngase en cuenta que la acreditación de la ANECA es tan solo eso: una acreditación y no una plaza. Esta última depende de cada universidad. Hace unos cuantos años era frecuente que el director del departamento –casi siempre un catedrático de la vieja escuela- presidiera tanto los tribunales de evaluación de tesis como los de acceso a las plazas de su departamento. En estas condiciones, no llevarse bien con él –el uso del masculino no es genérico- era un casi seguro pasaporte  para el ostracismo. No obstante, la ANECA no está exenta de arbitrariedades. Bastaría con saber que durante diez años su director ha sido el actual consejero de Educación de la Comunidad de Madrid, el cual ha sido un  férreo defensor de la inocencia de Cifuentes. Además, también fue vicerrector de la Universidad Rey Juan Carlos.
            En todo caso, antes de presentarse a ser juzgado por la ANECA, todo profesor ha de acumular méritos, los cuales normalmente, pero no solo, proceden de publicaciones (que serían las que darían acceso a los sexenios) y de proyectos de investigación (de los que podrían salir la mayor parte de las publicaciones).
            Las publicaciones han de serlo en revistas de cierto prestigio (JCR y cosas por el estilo). Uno de los requisitos para que tengan tal vitola es que toda propuesta de publicación ha de ser revisada por dos investigadores seleccionados por la propia revista, los cuales ignoran quién sea el autor (lo que en la jerga se llama el método del doble ciego). Sin embargo, el texto que se someterá a revisión llega a la revista con los datos de su autor. Si la revista quisiera justificar científicamente el rechazo de un artículo, bastaría con enviarlo a evaluadores hostiles a la temática abordada o a la metodología utilizada en el texto que se presenta. También cabría, obviamente, lo contrario: entregárselo a los afines. No obstante, doy por supuesto que lo habitual es la actitud neutral. Siempre cabría la posibilidad de traducir el texto al inglés –lo que suele implicar, salvo que se tenga un nivel nativo de este idioma, pagar a un traductor o revisor profesional- y enviarlo a una revista extranjera (algunas de las cuales más que a desarrollar la ciencia se dedican a engordar el currículo, previo pago, de sus autores). Con respecto a las publicaciones, añadiría otro dato fundamental. Es muy habitual que los artículos sean firmados por dos o tres personas. En un escenario tan jerárquico como la universidad, nada tendría de extraño que la aportación de algún personaje con poder no fuera más allá del estampado de la firma. Al menos en el área de ciencias sociales, sospecharía de todo aquel que no tenga un mínimo de publicaciones en solitario.
            Buena parte de las publicaciones –más en unas ramas científicas que en otras- proceden de los resultados derivados de investigaciones financiadas, las cuales previamente han de pasar por un proceso de selección en la agencia  investigadora correspondiente. Aquí no existe el método del doble ciego, con lo que la arbitrariedad podría ser máxima.  
            Encontrar una solución a este estado de cosas es muy complicado. Falla quizás lo más importante: la cultura de la profesión. Si lo que prepondera, como me temo, es la mutua desconfianza –cuando no simplemente el miedo-, resulta poco menos que imposible que florezca la cultura colaborativa que podría dar lugar a la multiplicación de la investigación científica. Mi impresión es que, en ciertas áreas de poder de nuestra universidad, y durante muchos años, a la cultura autoritaria de los franquistas se ha sumado la igualmente cultura dictatorial de algunos antifranquistas.

lunes, 26 de marzo de 2018

Vídeos y entrevistas sobre tiempos escolares en Aínsa

Aquí están los vídeos de la jornada sobre tiempos escolares en Aínsa:

https://www.youtube.com/watch?v=dsif455fFw8&t=48s  (Rafael Feito)


Aquí están las entrevistas realizadas por una periodista antes del comienzo de la sesión:
http://www.sobrarbedigital.com/debate-los-tiempos-escolares-colegio-ainsa-audios/


martes, 20 de marzo de 2018

El interminable debate sobre la jornada escolar. Esta vez toca Aínsa (Huesca).


El interminable debate sobre la jornada escolar.
Esta vez toca Aínsa (Huesca).

            El pasado 16 de marzo fui invitado por una plataforma ciudadana de la comarca de Sobrarbe para hablar, junto con otros tres ponentes, sobre la jornada escolar. En esta zona, la cuestión de la jornada cuenta, como mínimo, con dos peculiaridades. La primera es que el Instituto de Educación Secundaria (IES) de Aínsa es de los pocos de Aragón que cuenta con jornada partida y desea (al parecer, fervientemente, como se verá a continuación) pasar a la jornada continua. La segunda se refiere al hecho de que la mayor parte del alumnado (tanto el de los colegios de Educación Infantil y Primaria como el del IES) ha de llegar a sus centros recurriendo al transporte escolar. Dado que este transporte es peculiarmente costoso, los horarios de entrada y salida de los centros de Infantil y Primaria y de los de Secundaria coinciden.[1]

            Pasar a la jornada continua implica empezar las clases a las nueve de la mañana en lugar de hacerlo, como hasta ahora, a las diez. Esto plantea dos graves problemas. El primero es que entrar a las nueve supondría para algunos alumnos tener que levantarse a horas muy tempranas (varios de los trayectos consumen más de una hora y cuarto) con las consiguientes consecuencias de adormecimiento (en Galicia el paso a la jornada continua también acarreó entrar a las nueve en lugar de a las diez y se detectó que el alumnado simplemente dormía menos –lo cito en el PowerPoint que utilicé en mi presentación: goo.gl/j4t7zf-)

El segundo problema es el derivado de que en esta comarca el frío invernal es particularmente intenso. Para que las carreteras estén transitables hay que esperar a que hayan pasado el quitanieves y/o el camión que esparce sal. Si se quisiera adelantar el horario de entrada, habría que modificar también el de estos servicios. En su propuesta de modificación de jornada, el IES de Aínsa es consciente de esta dificultad y para solventarla aduce esta sorprendente explicación:[2]

Como desventajas de la continua en nuestro caso se encuentra la cuestión de hielo en alguna carretera si bien se nos informa de que son pocos puntos. Pensamos que se puede solucionar aunque no sea del todo fácil y no esté en nuestras manos.

            La propuesta no tiene desperdicio: son pocos los lugares problemáticos –no se cuantifica ese “pocos”-, para el profesorado el problema se puede solucionar aunque “no esté en nuestras manos” (se entiende que la solución). Se viene a decir: cámbiese la jornada y si no se solucionan los problemas, nosotros nos lavamos las manos (porque nos parece fácil su solución). Uno de los intervinientes de la mesa en la que participé es el alcalde de Bielsa y, además, conductor de un autobús escolar. Este regidor aportó el dato, nada baladí, de que en lo que llevamos de curso su autobús no habría podido llegar a las nueve al centro escolar en trece ocasiones. Pese a datos como este, el IES no se arredra  y en su web dice lo siguiente:

De cualquier manera, hemos de ser conscientes de que, en el caso de que hubiese muchos problemas, los habría de igual forma a las 8 h de la mañana que a las 9 h

            Pero, lamentablemente, y como cualquier conductor lo podría comprobar, los problemas son más graves a las ocho que a las nueve.

            Entrar más pronto implica salir más tarde. Pero esto tampoco es un inconveniente para los autores de la información del IES.

La hora de llegada a casa de los lugares alejados sería las 15:45h. Quizá sea un poco tarde para comer aunque no es descabellado como muestra el mapa educativo español actual. Esto se podría paliar con un bocadillo en cada recreo que pocos en el instituto comen actualmente.

Tengo la impresión de que los dietistas no compartirían esta idea de almorzar casi a las cuatro de la tarde. Pero, ¿no era una de las pretensiones del cambio de jornada asimilar nuestro horario al habitual de Europa? Por otro lado, la propuesta de dos bocadillos matinales parece pensada para satisfacer los sueños de Carpanta.

            Como en todos los numerosos debates sobre este tema a los que he sido invitado como ponente, la música es siempre la misma. Afloran una y otra vez los particularismos: yo prefiero la jornada continua porque me viene bien, no quiero que mi hijo se quede en el comedor, he renunciado a mi empleo para pasar más tiempo con mis hijos, los que quieren la partida desean tener fuera de su casa el mayor tiempo posible a sus retoños, los datos de los estudios sobre el tema son falsos, etc. De nada sirve apelar a que en un debate democrático –como el que estoy reseñando- debería buscarse el bien común (que incluso podría ser la propuesta de que cada familia indicara en el formulario de matriculación su preferencia por una u otra jornada, tal y como explico en el PowerPoint más arriba citado). Lo que sucede en estos encuentros es similar a lo que se vive en la mayoría de las juntas de propietarios: cada cual vela por sus intereses. Sin embargo, aquí estamos en la escuela, institución que, supuestamente, debería fomentar los hábitos democráticos.

            El IES de Aínsa ha puesto especial empeño en pasar a la jornada continua. En su web ha publicado información sobre este tema, la cual paso a comentar. En ella se indica que “todos los datos ofrecidos aquí son oficiales o están extraídos de estudios contrastados”. Sin duda, algún dato oficial se ofrece. Estos, y otros similares, podrían ser los que esta información englobaría en el epígrafe de datos oficiales:

Los institutos de Secundaria de toda España tienen jornada continua con escasas excepciones. Entre ellas están los centros de Cataluña (que van solo algunas tardes) y tres centros en Aragón: Cantavieja (Teruel) con 48 alumnos, Castejón de Sos (Huesca) con 85 y Aínsa con 298.

            Sin embargo, no se cita ni un solo estudio contrastado (por lo demás, lo habitual en este debate) ni siquiera cuando más fácil sería. Así, se menciona un estudio o informe de la Comunidad Valencia pero no se indica de dónde procede el dato. Esto es lo que se dice:

En la jornada continua disminuyen las situaciones conflictivas y el absentismo escolar, como se ha podido constatar en la Comunidad Valenciana, por ejemplo. La mayoría de los problemas de disciplina suceden en el comedor y por la tarde.

            Y, para no olvidar los tópicos, volvemos a la carpetovetónica siesta de pijama y orinal:

El rendimiento es menor después de comer durante unas dos horas.
           
En el afán por justificar las bondades de la jornada continua, no se tiene el menor empacho en decir barrabasadas como la siguiente:

En la jornada partida el alumnado (especialmente el transportado y los que comen aquí) pasa 7 horas, más desplazamientos, dentro del recinto. En la continua pasa 5:45 horas, con lo que pasan menos tiempo en el instituto y el cansancio es menor.

            Nos enteramos de que al pasar menos tiempo en el centro, el cansancio es menor. De seguir esta lógica, podríamos reducir la presencia en el IES a algo meramente testimonial o, mejor aún, promocionar la enseñanza online. Y, si abandonamos por un momento el ámbito de la escuela, en los partidos de fútbol mejor prescindimos del descanso de quince minutos para que disminuya el cansancio. Es sorprendente que nadie hasta ahora, salvo los autores de este texto (no se olvide: profesores de nuestros adolescentes), hubiese caído en este detalle. Más adelante, en este mismo escrito, y por si no hubiera quedado claro, se vuelve sobre esta cuestión:

… la jornada continua permitiría al alumnado reducir el cansancio general al pasar menos tiempo en el instituto.

            De acuerdo con la web de este IES, la sugerencia del cambio de jornada responde a las “inquietudes expresadas por el alumnado reiteradamente”, hasta el punto de que “la propuesta se realiza a petición del alumnado y por iniciativa del Equipo Directivo del Instituto” (sic). No queda claro si el primum movens es el equipo directivo, el cual habría dado a conocer al alumnado la posibilidad del cambio de jornada.

            Es tal la confianza que desde el equipo directivo se tiene en el alumnado, que en el texto se ruega (verbo especialmente enfático), en negrita, lo siguiente:

os rogamos que penséis en vuestros hijos, en sus necesidades como estudiantes, en su jornada laboral real (porque es su jornada laboral) y en su rendimiento; os rogamos que les preguntéis su opinión y que la tengáis en cuenta ya que, por muy menores que sean, tienen mucho que decir.

            Personalmente, no puedo estar más de acuerdo en la idea de que los menores tienen mucho que decir, pero no solo en este tema, sino también sobre los contenidos curriculares, los métodos pedagógicos y un montón de cuestiones sobre las cuales no sé si el IES incitará al alumnado a hacer oír su voz. ¿Quién sabe? Quizás del hilo del cambio de jornada podría sobrevenir la innovación pedagógica.

            Desde el centro se ruega –otra vez el verbo rogar- a padres y madres que voten y para ello se recurre a la negrita y a la letra en mayor tamaño.


            Haría la misma observación que he referido con relación al alumnado. ¿Se manifiesta también este celo cuando se trata de las elecciones a  representantes de padres del Consejo Escolar?

            Vuelvo a lo que ya he señalado en ocasiones anteriores en este mismo blog y en otros escritos. Este, y no otro, ha sido en los últimos veinte años el principal debate de nuestras comunidades educativas. Creo que de ello deberían tomar buena nota tantas organizaciones que se consideran portavoces de la comunidad escolar (por desgracia, no deben abundar profesores excelentes y comprometidos como Agustín Moreno, portavoz de Marea Verde) y que, muy rara vez, hacen mención a este adulterado debate, el cual es casi una invitación a abandonar la enseñanza pública.






miércoles, 17 de enero de 2018

viernes, 29 de diciembre de 2017

Universidad pública y universidad privada en España

Universidad pública y universidad privada en España.
Un análisis de algunas diferencias entre ambas redes

A mediados de 2017, el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas y la Fundación BBVA publicaron el informe titulado U-Ranking. Indicadores sintéticos de las universidades españolas en el que se comparaban la universidad pública y  la universidad privada. El estudio se centró en estos tres ámbitos:
- Docencia
- Investigación
- Innovación y Desarrollo Tecnológico

            En estos dos últimos aspectos, la ventaja de la universidad pública sobre la privada es abrumadora. Esto es lo que dice el informe (p. 68):

La especialización docente de las universidades privadas tiene su contrapartida en una peor posición relativa de las mismas respecto al sistema público en rendimiento investigador: en promedio es un 29% inferior a la media del sistema universitario y ninguna de las 10 universidades con mejor rendimiento en este campo son privadas.  Las universidades públicas presentan mayores niveles de rendimiento en las actividades de investigación y también en las de innovación y desarrollo tecnológico que las privadas. La distancia media de estas al promedio nacional es de 27 puntos porcentuales menos.

            Se trata de promedios que tienen en cuenta las dimensiones –en número de grupos de investigación y de profesores doctores- de ambas redes universitarias. De acuerdo con el informe La Universidad española en cifras, las universidades privadas producen el 4,5% de los artículos científicos, mientras las públicas se hacen cargo del restante 95,5%.Téngase en cuenta que este informe señala que en la pública hay 8.006 grupos de investigación y en la privada solo 341. La pregunta que habría que hacerse es por qué la privada no tiene más grupos de investigación y/o más profesores que practiquen la investigación. Al fin y al cabo más del 10% de los universitarios estudian en esta red. Estamos en un contexto de creciente producción científica. En los últimos tiempos, España ha incrementado notoriamente su producción científica. Así, entre 2004 y 2013, el número de publicaciones de sus universidades se ha duplicado, pasando –según se puede ver en el Observatorio IUNE, el cual se remite a Web of Science- de 24.149 a 49.325, pese a que –como es bien sabido- el número de profesores no ha crecido, ni de lejos, en la misma proporción.           Muy posiblemente, la creciente necesidad de acreditarse ante las agencias de evaluación –sean la ANECA o las agencias de las comunidades autónomas- está detrás de esta eclosión de publicaciones.

En el caso de las universidades privadas, la normativa les exige que la mitad de su profesorado sea doctor y que, de entre este, el 60% esté acreditado. Para acreditarse como profesor de universidad privada hay que cumplir con los mismos requisitos que para ser profesor contratado doctor en la pública. A pesar de ello, las universidades privadas parecen no considerar la investigación como una prioridad para su profesorado. En su blog, Rafael Repiso apunta lo siguiente:

Anteriormente existían [en la privada] unas categorías análogas a las de la universidad pública (catedrático, titular, ayudante…), generando un sistema de méritos connatural a la universidad, donde para progresar los profesores deberían destacar en méritos docentes e investigadores y ser acreditados por una agencia externa y pública, ANECA. El nuevo sistema elimina la carrera académica. Es deciren este disparatado convenio, la docencia y la investigación apenas tienen peso para las figuras más destacadas, lo importante es la gestión. Un profesor mediocre recién doctorado puede tener la máxima categoría siempre y cuando ejecute labores de gestión en títulos y, en cambio, un profesor catedrático de universidad pública que pase a la universidad privada no podría pasar de la categoría III a no ser que asuma tareas de gestión. O, dicho de otra manera, cualquiera puede ocupar cualquier nivel salarial discrecionalmente si la dirección se lo permite.

            Estas son las categorías y el tipo de dedicación que se establecen en el citado convenio.

– Nivel I: Doctor responsable de Planes de Estudio de diversos Grados y Master universitarios de un mismo centro o facultad.
– Nivel II: Doctor acreditado dedicado a docencia y/o investigación y responsable de una titulación académica.
– Nivel III: Doctor acreditado dedicado a docencia y/o investigación.
– Nivel IV: Doctor no acreditado.
– Nivel V: Titulado universitario no Doctor.
– Nivel VI: Titulado no Doctor con menos de dos años de experiencia docente

            Habría que destacar que en los niveles II y III la referencia a la investigación viene precedida de la conjunción disyuntiva "o", lo que convertiría en opcional la labor investigadora. En el nivel I ni siquiera se cita tal actividad.

            La cuestión que más me interesa del debate sobre universidad pública o privada es el de la posible mejor calidad de la docencia que el informe de U-Ranking atribuye a la privada (de hecho, mis dos únicas publicaciones sobre enseñanza universitaria se refieren a esta cuestión). Por mi parte, nada me alegraría más que esto fuera realmente así y que en la pública pudiéramos mejorar nuestra calidad docente emulando a la privada. Esto es lo que dice el informe sobre las privadas (p. 64):

(…) su rendimiento docente medio supera en un 11% el promedio español y 6 de las 10 universidades con mayor rendimiento docente son privadas. Para evaluar en su justa medida este resultado es importante tener en cuenta que las universidades privadas incorporadas tienen mejores indicadores que la mayoría de las no incluidas por sus carencias informativas, a la vista de los valores de las variables de estas últimas que sí están disponibles. Así pues, este resultado por encima de la media de las privadas incorporadas podría quedar matizado el día en que URanking pueda incluir a todas las universidades de esta titularidad.

            Como se ve, el informe es muy cauto a la hora de interpretar este resultado, el cual podría tener mucho que ver con cómo se publicita en este aspecto la privada en su afán de diferenciarse de la pública. Es una lástima que no se pueda decir gran cosa con respecto a la calidad docente. El propio informe reconoce que “la calidad de la docencia es por el momento muy difícil de observar, pero hemos considerado como proxies de la misma la capacidad de atracción de alumnos de otras provincias, la calidad de los alumnos medida por la nota de corte específica de cada área y el porcentaje de estudiantes de posgrado”.

            Aun dando por buenos tales proxies (en román paladino, elementos sustitutivos), se me ocurren, como mínimo, un par de indicadores que pondrían en duda esta supuesta hegemonía docente de la privada. El primero es que las empresas españolas prefieren a los egresados de la pública, tal y como se revela en un informe de 2015 de la Fundación Everis, y no solo, como cabría esperar, en aquellas titulaciones que apenas existen en la privada –Artes y Humanidades- sino también en aquellas que la privada podría considerar su punto fuerte: los estudios de tecnología. No obstante, en su último informe –el de 2017- se indica que en Ciencias de la Salud las dos primeras posiciones son ocupadas por centros privados.

El segundo indicador se refiere al hecho de que el profesorado que investiga –con mayor presencia en la pública que en la privada- es mejor docente que el que no lo hace. En un artículo publicado en la revista Applied Economics por García-Gallego et al.[1] se apunta, a partir de una muestra de más de 600 docentes, que los profesores que investigan tienen mejor criterio y son más rigurosos a la hora de dar clases aunque, si investigan demasiado, la calidad docente disminuye. Pese a este dato, pudiera ocurrir que el hecho de que el profesorado sea valorado por sus publicaciones –para obtener los sexenios- se traduzca en un menor interés por la docencia.

Y, para acabar, nos quedaría un aspecto clave: la empleabilidad. Aquí tampoco los datos son como para que la privada lance cohetes. De acuerdo con el estudio sobre la inserción laboral de los Consejos Sociales de las Universidades, si se analizan las tasas de empleo atendiendo al tipo de universidad en la que se gradúa el estudiante, pública o privada, se observa que en el primer año de inserción laboral la tasa de afiliación de los egresados de las universidades privadas es diez puntos superior a la de los de las públicas (52,9 por ciento frente a 42,1 por ciento). Sin embargo, cuatro años después tales diferencias disminuyen, siendo de 69,4% para los titulados de las privada y de 63,7% para los de la pública.

En definitiva, y para concluir, muy posiblemente la razón fundamental de la existencia de la privada –más allá de alguna excepción, como la de la Universidad de Navarra- es escolarizar a los estudiantes cuya nota de acceso no les permite acceder a la pública y cuyo poder adquisitivo es lo suficientemente alto como para afrontar los gastos de la matrícula en la privada. Ojalá, con el paso del tiempo, pueda convertirse en una red que dinamice al conjunto de la universidad. Sin embargo, el hecho de que algunos de los centros privados estén en manos de grupos ideológicamente sectarios no invita al optimismo. No parece que en España se vayan a desarrollar universidades del tipo de la Ivy League.




[1] Garcia-Gallego, A; Georgantzis, N; Martin-Montaner, J y Perez-Amaral, T. “(How) Do research and administrative duties affect university professors’ teaching?” Applied Economics 47 (45), 2015. Se puede leer un resumen en https://www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-10588/2015_10_not3.pdf

viernes, 10 de noviembre de 2017

Llegó la hora del pacto educativo

Una vez finalizadas las casi cien comparecencias en la subcomisión de Educación y Deportes del Congreso de los Diputados, llega la hora de hacer un balance. Parecía inevitable, y así fue, que salieran a relucir en las diferentes intervenciones los disensos que se arrastran desde el inicio del periodo democrático actual y los que se han ido generando al hilo de las reformas y contrarreformas educativas. No parece que se hayan restañado las heridas derivadas de estos desacuerdos. Como ha podido comprobar cualquiera que haya seguido este debate, diferentes grupos (sindicatos, federaciones de padres, foros de opinión, expertos) disienten en cuestiones clave como si se debe o no financiar con fondos públicos la enseñanza privada, si la religión debe estar fuera o dentro de la escuela, si el alumnado debe ser separado a edades tempranas en función de su rendimiento o si es mejor que permanezcan juntos hasta el final de la educación obligatoria, si la participación de la comunidad educativa debe implicar o no capacidad decisoria, si debe haber pruebas externas al final de las diferentes etapas educativas que condicionen el futuro escolar de cada estudiante.

         Sin embargo, en los últimos tiempos, parecen haber aflorado importantes puntos de consenso que podrían traducirse en una renovación sustancial de nuestro sistema educativo. Se trata de cuestiones como reducir –e incluso hacer desaparecer- la repetición de curso, afrontar los problemas de convivencia en los centros, mejorar la formación del profesorado –tanto la inicial como la permanente- y, sobre todo, repensar el currículum escolar. Son cuestiones que, salvo alguna excepción, han contado con un amplísimo consenso entre los intervinientes que las han abordado.

         Las comparecencias pueden considerarse un buen reflejo de la pluralidad de puntos de vista que sobre la educación hay en este país. Entre otros, han intervenido, como era deseable y lógico, los grupos representados en el Consejo Escolar de Estado y, además, dos exministros, dos exsecretarios de Estado de Educación y una amplia variedad de expertos. Pese a ello, se ha echado en falta la presencia de profesores de base que han sido considerados grandes docentes (caso de, por ejemplo, César Bona), que arrasan en Internet (como podría ser David Calle) o que han publicado libros sobre los problemas de la enseñanza (por ejemplo, Fernando J. L López o Juan José Romera). Apenas han aparecido los enfoques tremendistas sobre el estado de nuestra educación (típico de profesores de Secundaria como Ricardo Moreno o Alberto Royo).

Se entiende que se haya dado voz a profesionales que han expresado su preocupación por asignaturas como las Matemáticas o la Educación Física. Sin embargo, se comprende menos que no se ha hecho lo propio con la deficiente enseñanza del inglés (y, no digamos, de los segundos idiomas extranjeros) o la escasa presencia de la educación artística o musical o la enseñanza del resto de las asignaturas.

         Ha faltado, entre otros, el abordaje de temáticas que han movilizado intensamente a las comunidades educativas de los colegios públicos como la de la jornada escolar. No se han analizado de modo específico cuestiones como las posibles modificaciones del calendario (en la línea propuesta en Cantabria) o la educación especial. Temas que han tenido gran resonancia mediática, como el de los deberes o los uniformes, no han aparecido tampoco en los debates.


lunes, 11 de septiembre de 2017

COMPARECENCIAS PARLAMENTARIAS SOBRE EL PACTO EDUCATIVO. UN INTENTO DE ANÁLISIS SISTEMATIZADO


            Desde finales de febrero y, previsiblemente, hasta después del verano de 2017, estará teniendo lugar la comparecencia de ponentes que informarán en la subcomisión de Educación y Deportes del Congreso de los Diputados sobre distintos aspectos del pacto educativo que los partidos políticos se han propuesto alcanzar. Este texto estructura las intervenciones[1] que han tenido lugar a partir de tres grandes ejes temáticos. El primero arranca de los consensos y disensos en torno a la educación en la época de las negociaciones en torno a la Constitución. El segundo aborda debates sobrevenidos poco después de la aprobación de la carta magna. El tercero, y más amplio, aborda temáticas que han surgido o cobrado actualidad en los últimos años.

Sin duda, se podría alegar una cierta arbitrariedad en la selección de las citas y, con total seguridad, otro investigador hubiera elegido otras. Cabe, claro está, que alguno -o algunos- de los comparecientes pudieran considerar que su planteamiento sobre los temas seleccionados ha sido injustamente omitido. También, obviamente, cabría objetar la propia estructuración del artículo en torno a los disensos y consensos (antiguos y recientes) y considerar que otra organización temática –por ejemplo, una que prestara más atención a temas emergentes, como el de la convivencia- hubiera sido más acertada. Asumiendo todos estos riesgos, el lector tiene ante sí una apuesta razonada –y quizás razonable- de ordenación de los debates parlamentarios.

            Son enormes, obvio es decirlo, las dificultades que tal pacto comporta. Ni siquiera parece haber acuerdo en algo tan básico como cuáles pudieran ser las finalidades de la educación. Así, para el PP –de acuerdo con la ponencia sobre este tema en su congreso nacional celebrado en febrero de 2017- lo fundamental en la educación es la preparación para el trabajo (“adecuar la formación a las disciplinas que demandan hoy las empresas punteras en permanente diálogo con la industria y las instituciones educativas”), al tiempo que introduce el objetivo de la movilidad social.

Por el contrario, el Documento de Bases para una nueva Ley Educativa del Foro de Sevilla (el cual cuenta con el apoyo de PSOE y Podemos-IU) prioriza la formación intelectual y  para la ciudadanía, el desarrollo y bienestar personal y colectivo.

Se puede leer el artículo en su integridad en https://www.researchgate.net/publication/319630326_COMPARECENCIAS_PARLAMENTARIAS_SOBRE_EL_PACTO_EDUCATIVO_UN_INTENTO_DE_ANALISIS_SISTEMATIZADO



[1] Aquí se recogen las intervenciones que han tenido lugar hasta el mes de junio de 2017. A continuación del nombre e identificación de cada compareciente se indica la fecha en la que ha tenido lugar su intervención. Los textos de las comparecencias están disponibles en http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/Publicaciones/IndPub. A continuación del nombre y posición de cada compareciente, se indica la fecha de su intervención. Tal fecha es importante por al menos dos razones. La primera es que permite a quienes intervienen en último lugar haber tenido en cuenta las comparecencias anteriores. La segunda es que a medida que vamos avanzando en el tiempo, los intervinientes hablan sobre temas específicos (como por ejemplo alguna asignatura o la convivencia en los centros).