jueves, 12 de julio de 2018

De te fabula narratur


De te fabula narratur.

“De ti va el cuento” es como se podría traducir el título de esta entrada. Es uno de esos latinajos a los que solía recurrir Carlos Marx cuando quería resumir lapidariamente una idea. Aquí el cuento tiene que ver con mi reciente lectura del muy recomendable libro de Mariano Fernández Enguita Más escuela y menos aula. Uno de los capítulos aborda la problemática del profesorado de Primaria y de Secundaria. Mi impresión es que la inmensa mayoría de las cosas que allí dice se pueden aplicar directamente al profesorado universitario. Incluso, yo iría más lejos y diría que muy posiblemente la mayor parte de los  males de todo nuestro profesorado tienen su origen en la universidad.

Uno de los aspectos más criticables del funcionamiento de nuestra escuela (y me refiero específicamente a la española, ya que en otras latitudes esto no es un problema, tal y como se puede ver en el libro que acaba de publicar Andreas Schleicher, el máximo responsable de los informes PISA) es la insularidad docente: cada profesor hace lo que le viene en gana una vez que cierra la puerta de su aula. Exactamente, lo mismo ocurre entre el profesorado universitario. Si bien es cierto que hay departamentos universitarios o facultades que pueden coordinar los contenidos curriculares de las asignaturas y el modo de enseñarlas y evaluarlas, lo habitual es un pacto implícito del tipo vive y deja vivir.

Enguita señala que el público con el que trabaja el profesorado de Primaria y Secundaria se encuentra, siguiendo la jerga del bando vencedor de la guerra civil española, vencido y derrotado. Con ello hace referencia a que este profesorado ha de bregar con un alumnado menor de edad y, en consecuencia, fácilmente manipulable y poco dado a la protesta frente a lo haga o diga aquel. Sin embargo, y pese a que el estudiantado universitario es mayor de edad, la cosa no es muy diferente en la educación superior. Se trata de un alumnado mayoritariamente muy joven, pero incluso en el caso de que su edad le sitúe lejos de la juventud, su actitud no difiere en exceso y, caso de hacerlo, cuenta con pocos aliados para llevar a cabo cualquier tipo de queja o simple observación. A modo de ejemplo, un estudiante, no precisamente joven, me comentaba que había ido al despacho de un profesor para que le explicara la nota que le había puesto en el examen. La impresión con la que se quedó este alumno es que esta era la primera vez que el profesor había leído el examen. Pero hay más. Algún profesor dedica sus clases a leer PowerPoint tras PowerPoint y se niega a entregar estas presentaciones aduciendo que de hacerlo beneficiaría a quienes no acuden a clase. Pese a tal arbitrariedad, no hemos asistido a ningún conato de rebelión estudiantil.

La universidad es el lugar en el que se forman todos los profesores. Si la imagen que damos en ella es esta, ¿qué esperamos que ocurra en los colegios e institutos? Parece que quienes nos dedicamos a la investigación educativa tenemos una gran capacidad para ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio. El diario El País publicó un reportaje en el que varios profesores de la universidad de Cambridge, pero educados en las universidades españolas, contrastaban la universidad británica con su experiencia en España. De este artículo entresaco lo siguiente:

Uno de los grandes problemas de la universidad española es la tendencia a repetir y la falta de creatividad. (…) Es (…) por la forma en la que se aprende“.
Rodrigo Cacho, profesor de Literatura española y lleva más de doce años enseñando en Cambridge

Toda la enseñanza se basaba en clases magistrales. No había oportunidad para interactuar con el profesor, más allá de las preguntas en clase. No era muy diferente del colegio.
Ángeles Carreres, profesora de Lengua española. Lleva 18 años en Cambridge

A diferencia de España, el objetivo es enseñar a aprender y a pensar, más que inculcar un temario y examinarlo.
Beñat Gurrutxaga-Lerma, profesor de Micromecánica

Es verdad que esto es difícil de cambiar. Las universidades privadas parecen haber detectado este déficit y empiezan a destacar con respecto a las públicas en este aspecto. Como ya he señalado en varias ocasiones en este blog, mientras que el profesorado universitario sea juzgado de modo casi exclusivo por sus publicaciones –muchas veces en revistas que tienen mayor número de autores que de lectores, por muy JCR que sean-, la canción seguirá siendo la misma.

viernes, 18 de mayo de 2018

Un Bachillerato al servicio del capitalismo


Un Bachillerato al servicio del capitalismo

Últimamente estoy visitando varios centros de Educación Secundaria con motivo de una investigación. Esto me ha permitido hacer algunas reflexiones con respecto al posible comportamiento de aquellos estudiantes que precisan de una calificación excelsa para cursar carreras cuya  nota de acceso –el caso arquetípico es el de Medicina- es particularmente alta. Desde el mismo comienzo del primer curso de Bachiller se ven forzados a poner todo su empeño en conseguir las máximas notas en todas y cada una de las asignaturas, con independencia del grado de interés que les pudiera suscitar,  hasta el punto de que muchos de ellos, con independencia de cuáles pudieran ser sus creencias religiosas, deciden matricularse en la asignatura de Religión Católica porque perciben que en esta materia es mucho más fácil obtener una buena nota que en su contrapartida de Ética.

Como ya he comentado en alguna entrada previa de este blog, se me hace muy difícil pensar que haya estudiantes que, al modo de una suerte de Leonardo Da Vinci academicista, pudieran tener un intensísimo interés por todas y cada una de las materias. Parece claro que lo que les que puede llevar a buscar esas buenas notas es, única y exclusivamente, el deseo de poder acceder a la carrera de su elección. En definitiva, preponderaría –en un importante número de asignaturas- el interés instrumental sobre el expresivo: una suerte de alienación en la que lo importante no es aprender, sino conseguir unas buenas calificaciones. En este contexto no es sorprendente que en una clase de poco más de treinta estudiantes un mínimo de veinticinco solicite revisión de cada examen.

Todo el mundo sabe que obtener una buena nota, en más ocasiones de las deseadas, implica si no llevarse bien con el profesor correspondiente, al menos no llevarse mal o evitar la manifestación de disidencias.

            Con este tipo de Bachillerato y su consiguiente modelo de acceso a la Universidad, casi con toda probabilidad, Einstein no hubiera estudiado Físicas –y seguro que no habría entrado en el doble Grado de Física y Matemáticas-.

            Sin embargo, esto no tendría por qué ser así. A modo de ejemplo, es sabido que en Finlandia solo entran en los Grados que conducen a la profesión docente una minoría de los estudiantes de Secundaria que aspiran a realizar tales estudios –en torno a un diez por ciento de los solicitantes-. Sin embargo, esto no significa que la selección se base en las notas de Secundaria y de acceso a la Universidad. En un artículo publicado en The Guardian, Pasi Sahlberg –un reputado investigador educativo finlandés- contaba que su sobrina, una estudiante con notas excelentes, no fue admitida en la facultad que forma a profesores de Primaria en la universidad de Helsinki. Así es como explica Sahlberg el proceso de selección:

El examen de entrada consta de dos fases. En primer lugar, todos los estudiantes deben realizar un examen escrito de ámbito nacional. Quienes obtienen mejores resultados, pasan a una segunda fase en la que tienen que realizar el examen específico de esta universidad. En la Universidad de Helsinki, el 60% de los 120 estudiantes admitidos lo fueron a partir de una combinación de los resultados de estos exámenes y de las notas conseguidas en las asignaturas de las que se examinaron en su educación secundaria superior; el 40% accedió al programa de formación de profesorado a partir exclusivamente de su resultado en el examen de acceso. El resultado final es que una cuarta parte de los estudiantes admitidos proceden del 20% con mejores notas y otro cuarto lo hace de entre los que están en la mitad inferior de los resultados.

En definitiva, la idea de que se selecciona a los mejores en términos académicos no es más que un mito. Las cosas se hacen así porque se considera que muy diferentes tipos de personas pueden ser excelentes profesores. “A menudo, jóvenes atletas, músicos y líderes juveniles, por ejemplo, cuentan con los rasgos potenciales de un buen profesor sin necesidad de tener las mejores notas”, indica Sahlberg.

            Lo que me pregunto es qué tipo de persona puede llegar a ser quien desde la temprana edad de los dieciséis años entra en esta enloquecedora carrera por destacar en todas las asignaturas. No dispongo de datos al respecto, pero en más de un centro he oído hablar sobre lo habitual que resulta que se produzcan crisis de ansiedad ante la proximidad de los exámenes.

            Finalmente, ¿por qué en esta entrada hablo de estar al servicio del capitalismo? En un magnífico artículo, Jean Anyon analizó, a partir de una investigación etnográfica, el funcionamiento de cinco escuelas: dos de clase obrera, una de clase media, otra de hijos de profesionales y la última de hijos de altos ejecutivos (muchos de ellos directivos de multinacionales). En esta, el rasgo que destacaba esta investigadora era el del predominio de la apropiación del conocimiento. Este no pasa de ser una mera mercancía con la que obtener credenciales educativas y una mejor posición en el mercado de trabajo. Esta es la educación que estamos dando a nuestros adolescentes más brillantes y no creo que esto parezca importar a nadie.

A baccalaureate diploma in the service of capitalism


A baccalaureate diploma
 in the service of capitalism
Lately I have been visiting several secondary schools for research purposes. This has allowed me to reflect on the possible behavior of those students who require a high qualification in order to enroll in those degrees with a particularly high entrance mark - the archetypal case being Medicine. From the very beginning of the first year of high school, they are forced to put all their efforts into achieving the highest marks in each and every subject, regardless of the degree of interest they might have in it, to the point that many of them, regardless of their religious beliefs, decide to enroll in the subject of Catholic Religion because they perceive that it is much easier to obtain a good grade in this subject than in its counterpart in Ethics.
As I have already commented in some previous posts in this blog, it is very difficult for me to think that there are students who, like some kind of “academicist” Leonardo Da Vinci, could have a very deep interest in each and every subject. It seems clear that what can lead them to seek these good grades is solely and exclusively the desire to be able to access the career of their choice. In short, in an important number of subjects, instrumental interest would prevail over expressive interest: a kind of alienation in which the important thing is not authentic learning, but to achieve good grades. In this context, it is not surprising that in a class of just over thirty students a minimum of twenty-five students would request a review of their exam.
Everyone knows that getting a good grade, more often than not, implies getting along with the corresponding teacher, or at least not getting along badly or avoiding open dissent.
With this type of baccalaureate and its consequent model of university entrance, Einstein would almost certainly not have studied physics - and certainly he would not have entered the double degree in physics and mathematics.
However, this should not be the case. As an example, it is known that in Finland only a minority of the secondary school students who aspire to such studies - about ten per cent of the applicants - enter the Grades leading to the teaching profession. However, this does not mean that selection is based on high school and college entrance grades. In an article published in, Pasi Sahlberg - a renowned Finnish educational researcher - reported that his niece, a student with excellent grades, was not admitted to the faculty that trains primary school teachers at the University of Helsinki. This is how Sahlberg explains the selection process:
Let’s take a closer look at the academic profile of the first-year cohort selected at the University of Helsinki. The entrance test has two phases. All students must first take a national written test. The best performers in this are invited on to the second phase, to take the university’s specific aptitude test. At the University of Helsinki, 60% of the accepted 120 students were selected on a combination of their score on the entrance test and their points on the subject exams they took to complete their upper-secondary education; 40% of students were awarded a study place based on their score on the entrance test alone
In short, the idea that the best are selected in academic terms is nothing more than a myth. Things are done this way because it is considered that very different types of people can be excellent teachers.
But they don’t do this because they know that teaching potential is hidden more evenly across the range of different people. Young athletes, musicians and youth leaders, for example, often have the emerging characteristics of great teachers without having the best academic record. What Finland shows is that rather than get “best and the brightest” into teaching, it is better to design initial teacher education in a way that will get the best from young people who have natural passion to teach for life.
What I wonder is what kind of person can become one who, from the early age of sixteen, enters this maddening career to excel in all subjects. I don't have any data on the subject, but in more than one school I have heard through the grapevine about how common it is for anxiety attacks to occur in the run-up to exams.
Finally, why in this entry do I speak of a baccalaureate being at the service of capitalism? In an excellent paper, Jean Anyon analysed, on the basis of ethnographic research, the functioning of five schools: two working class schools, one middle class, one for the children of professionals and the last one for the children of high executives (mostly multinational managers). In the latter one, the feature highlighted by this researcher was the predominance of the appropriation of knowledge. This is no more than a mere commodity with which to obtain educational credentials and a better position in the labor market. This is the education we are giving our brightest teenagers and I don't think this seems to matter much.

lunes, 23 de abril de 2018

Cómo aprender inglés, o perfeccionarlo, sin apenas gastar dinero


Cómo aprender inglés, o perfeccionarlo, sin apenas gastar dinero

He aquí unos cuantos links y consejos para aprovechar los inmensos recursos que, de modo mayoritariamente gratuito, ofrece Internet para mejorar nuestro conocimiento –habitualmente insuficiente- del inglés.

Posiblemente, muchas personas habrán padecido el mismo problema que yo, y el cual no es otro que el de haber dedicado años y años de un modo disperso, y quizás incoherente, al aprendizaje del inglés. Es por este motivo por el que lo primero que recomendaría es preparar y hacer exámenes de ensayo (mock exams) de cualquiera de las instituciones o centros que certifican el nivel de un idioma (que en Europa serían, de menor a mayor, A1, A2, B1, B2, C1 y C2). Pongamos que, por ejemplo, optamos por el First Certificate (equivalente al nivel B2, el que permite a un estudiante matricularse en una universidad extranjera). En Youtube tenemos los ejercicios de audio (listening exercices) de todos los niveles. En el caso del First, basta con dirigirse, por ejemplo, a https://www.youtube.com/watch?v=ZNgoxd547f0. Aquí tenemos lo siguiente: Listening B2, FCE Practice 2015, Test 1, Part 1. En la parte izquierda de la pantalla aparecen los vídeos correspondientes al resto de los ejercicios de listening. El libro del que proceden se localiza en la parte inferior, cuyo link es este: http://www.mediafire.com/file/wy36qp1sx9eepc7/FCE+Practice+Tests+2015.pdf

En este libro tenemos cuatro exámenes completos del First, cuya realización -de cada uno de ellos- nos llevará un mínimo de tres horas, a las que habría que añadir el tiempo que empleemos en su corrección, la cual aparece al final del libro. En la red, podemos encontrar los libros de los exámenes más antiguos. Los más nuevos pueden adquirirse en cualquier librería por un módico precio.

 

De entre todos estos ejercicios, hay dos que requieren ineludiblemente contar con un profesor que nos pueda ayudar. Se trata de los ejercicios de escritura y de los consistentes en hablar (writing y speaking, respectivamente). Para solucionar este problema, lo que yo he hecho ha sido entrar en la web de Verbling. Se trata de una página que ofrece cientos de profesores de inglés –con una amplia diversidad de precios- cuyas clases se hacen a través de la  web de Verbling. Es un sistema similar al hangout de Google o a Skype. No hay problema alguno en subir un texto de manera que sea corregido interactuando con nuestro profesor.

 

Esta sería, digamos, la parte más académica de nuestro aprendizaje o puesta al día. Más allá de estos mock exams, tenemos una variedad casi infinita de recursos para ampliar nuestro conocimiento del inglés y, de paso, de cualquier materia que pudiera interesarnos.

           

En lo que se refiere a los textos, existe la posibilidad de leer prensa de calidad gratuitamente –aunque alguna contribución económica siempre se agradecería-. Este sería el caso, entre otros, de periódicos británicos como The Guardian  o The Independent. Sin duda, su lectura es un buen modo de estar al tanto no solo de la actualidad, sino del uso actual y cotidiano del inglés. Algunos de los artículos publicados en The Guardian son traducidos por eldiario.es. El diario El País cuenta con una pequeña sección llamada El País in English en la que se puede encontrar la traducción de artículos originalmente escritos en español. Esto permite hacer ejercicios de traducción partiendo del texto en inglés y traducirlo al castellano, para compararlo con la traducción de eldiario.es o partiendo de su traducción al castellano traducirlo al inglés (traducciones directa e inversa). Esto mismo se puede hacer con libros o poemas de los que tengamos las versiones inglesa y española. Antes de abandonar la prensa, no puedo dejar de citar la posibilidad de suscribirse a los artículos de opinión del New York Times por tan solo 4,5€ al mes (se puede ver un máximo de diez artículos al mes sin pagar absolutamente nada, pero puedo asegurar que merece la pena leer un mínimo diario de dos o tres artículos de este tipo).

 

En lo que se refiere a los libros, la web meetup ofrece la posibilidad de incorporarse a grupos de personas que se dan cita una vez al mes para comentar un libro previamente seleccionado. Se trata de grupos en los que fácilmente la mitad de sus miembros son angloparlantes nativos que se reúnen en algún pub en horas en las que hay poca clientela (el coste no va más allá de hacer un par de consumiciones). Algunas bibliotecas públicas organizan clubes de lectores.

 

De entre los diccionarios en red, quizás el más recomendable sea Wordreference. Si lo que se desea es encontrar la traducción de frases enteras, la opción es Linguee. Si lo que se busca es la etimología de una palabra, se puede recurrir a https://www.etymonline.com/search?q=best . Si el uso de una palabra wordinasentence.com. Los diccionarios monolingües son una muy interesante opción.

 

Para desarrollar nuestra capacidad de comprensión oral hay una ingente y creciente cantidad de recursos. Las charlas TEDtalks –cuya duración no va más allá de los veinte minutos- son una fuente de conocimiento impagable. En su página oficial hay más de una decena de idiomas para los subtítulos. Todas las series televisas pueden merecer la pena. Mi consejo sería optar por aquellas en las que continuamente se está dialogando y cuyo léxico sea particularmente variado y rico. Mis favoritas son Frasier, Yes Minister y Yes, Prime Minister. En la primera prepondera un lenguaje culto, aunque, gracias a la diversidad de personajes, aparecen diferentes códigos lingüísticos. Las otras dos son una parodia hilarante del código lingüístico elaborado de la clase dominante británica. Creo que todos los episodios están disponibles en Youtube. En todo caso, los DVDs están a la venta. Otras series podrían ser Big Bang Theory, Cheers o Friends.  Ni qué decir tiene que lo aconsejable, si se ha de recurrir a los subtítulos, es que estos sean en inglés. Algunas plataformas, como Movistar, permiten elegir el idioma de los subtítulos. Los textos con los subtítulos de estas series son fácilmente localizables en la red. Para ello basta con escribir el nombre de la serie y las palabras script o transcript.

 

Creo que no puede aprenderse un idioma sin reírse con él. A mí me gustan especialmente los stand-up comedians británicos. Se nota que muchos de ellos (pienso en Rowan Atkinson –para muchos, Mr. Bean- o John Cleese) se han formado en las mejores universidades de su país. Mi favorito es Eddie Izzard (quien además es capaz de hacer ingeniosos monólogos en un entrañable y chapucero francés y español). A él, claro está, añadiría -además de los mentados Atkinson y Cleese- a Jimmy Carr, Ricky Gervais, Russell Brand y un largo etcétera (la lista se puede ampliar simplemente escribiendo en un buscador “best British stand-up comedians”). Y, siguiendo con el humor, no puedo dejar de citar programas de actualidad del tipo Late Motiv de Buenafuente. Destacaría, entre otros, los de Stephen Colbert, Trevor Noah y John Oliver.

 

            En lo que se refiere a las películas, las más recomendables son las basadas en diálogos (las adaptaciones de obras de teatro son una apuesta segura).


En cuanto a la música, artistas como Bob Dylan o Leonard Cohen son una fuente inagotable de bellas expresiones y de un léxico variado.

Las diferentes emisoras de radio ofrecen podcasts de sus emisiones. BBC4 puede ser una buena opción. También cabe la posibilidad de bajar en MP3 el audio de los vídeos de Youtube.

            Para mejorar la pronunciación de modo pasivo, lo más recomendable son los vídeos Daily pronunciation disponibles en Youtube. Para hacerlo de modo activo, hay, como mínimo, dos webs, dictation.io y speechlogger, que transcriben lo que decimos en voz alta. Aunque no funcionan de un modo del todo preciso, es todo un desafío ver de qué manera se transcribe nuestro discurso.

Y, claro está, irse a un país de habla inglesa y desenvolverse en un escenario en el que no quede más remedio que hablar inglés es la vía más rápida y eficaz para dominar este idioma.

Nada más. Espero que con este texto haya puesto mi grano de arena en lo que podría ser un nuevo movimiento de renovación del aprendizaje y de liberación del tostón escolar al que, siguiendo la estela de los últimos trabajos de Fernández Enguita, podríamos llamar “menos aula y más escuela” o “menos aula y más educación” o “teacher, leave the kids alone (at least just a little bit)”. También sería una propuesta similar a de la clase invertida (flipped classroom). La gente puede aprender mucho por su cuenta y el papel del profesor se verá reforzado cuando se convierta en un agente que ayude a impulsar y a completar los aprendizajes.

miércoles, 18 de abril de 2018

La ley del silencio en la universidad


La ley del silencio en la universidad
            Las lamentables noticias que han aflorado con motivo del fraude del máster universitario de Cristina Cifuentes obligan a reflexionar sobre cómo es posible que en una institución democrática, como sería el caso de la universidad, pueda darse un grado de complicidades tal –por acción o por omisión- que permita que alguien obtenga un título de carácter presencial sin pisar las aulas ni presentar el trabajo de fin de máster. Al igual que ya comenté en este mismo blog sobre el acoso sexual, este tipo de prácticas posiblemente era ampliamente conocida y ha tenido que ser la prensa, una vez más, la que se encargue de sacar a relucir todo este percal.
            Más allá del vergonzoso caso de Cifuentes, lo cierto es que la universidad –da igual que sea pública o privada- es una institución en la que, en principio, todo profesor es sospechoso de resultar hostil a cualquier otro. Es un escenario en el que los profesores de cierto nivel –sobre todo los catedráticos o quienes cuentan con cierto número de sexenios de investigación- juzgan a los demás y, a su vez, se juzgan entre sí. Como nadie sabe quién puede juzgar a quién en el futuro, la prudencia aconseja no meterse en líos.
            Ingenuamente, lo reconozco, pensaba que el hecho de que para tener una plaza fija en la universidad –como contratado doctor, profesor titular o catedrático- hubiera que pasar previamente por el filtro externo de la acreditación de la ANECA –o agencias equivalentes en algunas comunidades autónomas- habría suprimido el poder de los próceres locales de cada universidad, facultad o departamento. Pero téngase en cuenta que la acreditación de la ANECA es tan solo eso: una acreditación y no una plaza. Esta última depende de cada universidad. Hace unos cuantos años era frecuente que el director del departamento –casi siempre un catedrático de la vieja escuela- presidiera tanto los tribunales de evaluación de tesis como los de acceso a las plazas de su departamento. En estas condiciones, no llevarse bien con él –el uso del masculino no es genérico- era un casi seguro pasaporte  para el ostracismo. No obstante, la ANECA no está exenta de arbitrariedades. Bastaría con saber que durante diez años su director ha sido el actual consejero de Educación de la Comunidad de Madrid, el cual ha sido un  férreo defensor de la inocencia de Cifuentes. Además, también fue vicerrector de la Universidad Rey Juan Carlos.
            En todo caso, antes de presentarse a ser juzgado por la ANECA, todo profesor ha de acumular méritos, los cuales normalmente, pero no solo, proceden de publicaciones (que serían las que darían acceso a los sexenios) y de proyectos de investigación (de los que podrían salir la mayor parte de las publicaciones).
            Las publicaciones han de serlo en revistas de cierto prestigio (JCR y cosas por el estilo). Uno de los requisitos para que tengan tal vitola es que toda propuesta de publicación ha de ser revisada por dos investigadores seleccionados por la propia revista, los cuales ignoran quién sea el autor (lo que en la jerga se llama el método del doble ciego). Sin embargo, el texto que se someterá a revisión llega a la revista con los datos de su autor. Si la revista quisiera justificar científicamente el rechazo de un artículo, bastaría con enviarlo a evaluadores hostiles a la temática abordada o a la metodología utilizada en el texto que se presenta. También cabría, obviamente, lo contrario: entregárselo a los afines. No obstante, doy por supuesto que lo habitual es la actitud neutral. Siempre cabría la posibilidad de traducir el texto al inglés –lo que suele implicar, salvo que se tenga un nivel nativo de este idioma, pagar a un traductor o revisor profesional- y enviarlo a una revista extranjera (algunas de las cuales más que a desarrollar la ciencia se dedican a engordar el currículo, previo pago, de sus autores). Con respecto a las publicaciones, añadiría otro dato fundamental. Es muy habitual que los artículos sean firmados por dos o tres personas. En un escenario tan jerárquico como la universidad, nada tendría de extraño que la aportación de algún personaje con poder no fuera más allá del estampado de la firma. Al menos en el área de ciencias sociales, sospecharía de todo aquel que no tenga un mínimo de publicaciones en solitario.
            Buena parte de las publicaciones –más en unas ramas científicas que en otras- proceden de los resultados derivados de investigaciones financiadas, las cuales previamente han de pasar por un proceso de selección en la agencia  investigadora correspondiente. Aquí no existe el método del doble ciego, con lo que la arbitrariedad podría ser máxima.  
            Encontrar una solución a este estado de cosas es muy complicado. Falla quizás lo más importante: la cultura de la profesión. Si lo que prepondera, como me temo, es la mutua desconfianza –cuando no simplemente el miedo-, resulta poco menos que imposible que florezca la cultura colaborativa que podría dar lugar a la multiplicación de la investigación científica. Mi impresión es que, en ciertas áreas de poder de nuestra universidad, y durante muchos años, a la cultura autoritaria de los franquistas se ha sumado la igualmente cultura dictatorial de algunos antifranquistas.

martes, 3 de abril de 2018

Yo no soy un buen profesor



Yo no soy un buen profesor

Pese a la proliferación de premios –tanto de ámbito nacional como internacional, pasando por lo local y sin olvidar lo institucional-, es difícil saber, con independencia del nivel educativo de que se trate, quién pueda ser un buen profesor o en qué pueda consistir tal cosa.

En el caso específico de mi universidad –la Complutense de Madrid-, cada profesor es evaluado por los estudiantes de los grupos que haya impartido. A partir de estas valoraciones algunos profesores son reconocidos como buenos docentes.

Pese a que es algo que no me quita el sueño, en estas evaluaciones salgo relativamente bien parado, si por tal se considera estar un poco por encima del aprobado. Un problema con el que tropiezan las evaluaciones de las que soy objeto es que son muy pocos los alumnos que confeccionan la encuesta. Por ejemplo, en un grupo de último año del grado en Sociología, de cuarenta y nueve alumnos tan solo siete se han tomado la molestia de participar. Sin embargo, en un grupo de Antropología de segundo curso participan once alumnos de veinticuatro. Sobre un máximo de cinco puntos en cualquiera de los ítems planteados, en todos ellos estoy por encima de 2,5 y en casi todos algo por encima de tres. A mí me da la impresión de que para estos once alumnos sería, más bien, un profesor mediocre.

Es posible que si las preguntas que se plantearan fueran otras, mis resultados –y hablo hipotéticamente- podrían mejorar. Este es el listado de preguntas a las que ha de responder el estudiantado:

1. El/La profesor/a informa de manera clara sobre los  objetivos de la asignatura.
2. El/La profesor/a informa de manera clara sobre el sistema de evaluación.
3. El/La profesor/a informa de manera clara sobre las actividades docentes.
4. La bibliografía recomendada es útil para cursar la asignatura.
5. El/La profesor/a organiza y estructura bien las clases.
6. El/La profesor/a utiliza el Campus Virtual como herramienta de aprendizaje.
7. El/La profesor/a explica de forma clara y comprensible.
8. El sistema de evaluación permite al estudiante reflejar los conocimientos y competencias adquiridas.
9. El/La profesor/a cumple con el programa de la asignatura.
10. El/La profesor/a cumple con los horarios de clase establecidos.
11. El/La profesor/a cumple con el sistema de tutorías.
12. El/La profesor/a cumple con el sistema de evaluación sobre el que ha informado.
13. El/La profesor/a se muestra accesible con los estudiantes.
14. El/La profesor/a mantiene un trato correcto con los estudiantes.
15. El/La profesor/a despierta mi interés por la asignatura.
16. La labor docente de este profesor/a me ha ayudado a adquirir conocimientos y competencias.
17. En mi opinión es un buen profesor/a.
18. Estoy satisfecho/a con la labor docente del profesor/a.

            En general, las preguntas planteadas parten de la idea de un modelo de enseñanza en el que el profesor se sube a una tarima y, como hubiera dicho Paulo Freire al referirse a la educación bancaria, se limita a llenar las cabezas vacías de sus estudiantes con su magna sabiduría. De hecho, las tres primeras preguntas repiten la frase “informa de manera clara”. En ningún momento se preguntan cosas tan elementales como si el profesor promueve la participación en clase, el intercambio de ideas, el debate, el hablar en público, el exponer trabajos y un largo etcétera de actividades que no tienen cabida en el estrecho marco planteado por mi universidad. Por supuesto, tampoco se dice nada sobre si hay o no una devolución de los textos y/o exámenes entregados.
           
Buena parte de las preguntas requieren del alumnado que emita una opinión subjetiva sobre si se le informa de manera clara, si el profesor es accesible o si está satisfecho con él. Sin embargo, hay otras que son objetivas, tanto que no entiendo cómo es posible que en ellas no obtenga la puntuación máxima. Yo utilizo el campus, cumplo con los horarios, con las tutorías y con el programa. Según parece, en este ámbito todo es opinable.

            He echado una ojeada a la web sorprendentemente llamada “patatabrava”, la cual recoge opiniones de algunos alumnos sobre algunos de sus profesores. Hasta el momento, solo hay una opinión que valore mi docencia. Por suerte, se trata de un escrito respetuoso y mayoritariamente descriptivo (lo que se indica de que soy exigente es una opinión). Esto es lo que se dice:

Las clases son interesantes. Utiliza powerpoint que previamente ha colgado en el campus. Cada día hay debates en los que debes participar, habiendo leído unas lecturas que él pone en el campus. Es opcional hacer un trabajo final, tienes que currar porque no es válido cualquier trabajo. El examen son preguntas que aparecen en los PP o en las lecturas, ambos imprescindibles. Profesor muy exigente. http://www.patatabrava.com/profesores/rafael_feito-p90190.htm

            He mirado buena parte de las opiniones vertidas sobre profesores de mi facultad y, aunque esto carezca de cualquier valor estadístico, veo que hay dos elementos que suele valorar positivamente el alumnado. El primero es que el profesor sea receptivo, que tenga una buena dosis de inteligencia emocional con sus estudiantes. Y, el segundo, es que sea fácil aprobar con él. Se llega a decir que ciertos profesores explican de antemano las preguntas que van a caer en el examen o que basta con entregar un trabajo para aprobar. Debo decir que yo también solicito un trabajo, el cual no consiste en la mera entrega de un texto cuya calificación se dará a conocer cuando el profesor lo estime oportuno. En mi propuesta se trata de una triple actividad: la entrega de un texto con cierta antelación, su exposición en público durante unos veinte minutos y su inmediata defensa y debate durante otros veinte minutos. Lo que más trabajo me consume es corregir el texto entregado con antelación. Lo habitual es que esté mal redactado, que sea incoherente, que no desarrolle argumento alguno y que tenga numerosas y graves faltas de ortografía (me pregunto para qué sirve la selectividad).

            Recientemente he leído esta interesante entrada en el blog “universidadsí” (http://www.universidadsi.es/franco-fascista-nos-vuelven-locos/). Invito al lector a que lo lea y que, sobre todo, vea los comentarios. Lo que se dice en esta entrada coincide casi milimétricamente con el tipo de docencia que propongo en las asignaturas que imparto. Cada tema del programa se acompaña de una lectura –casi siempre un link a un texto breve como un paper o un capítulo de libro- que todo el mundo ha de efectuar para poder debatirla en clase. Siempre envío un correo –a través del campus virtual, que no se me olvide decirlo- a los estudiantes para recordarles el día en que tal texto será comentado. Lo habitual es que (y cito lo que he vivido apenas hace unos días) de un grupo con treinta alumnos matriculados de los que unos escasos dieciocho se dignan a acudir a clase, tan solo cuatro lo han leído. Si a esto añadimos que, pese a tratarse de estudiantes de Sociología, casi ninguno de ellos lee el periódico o libros de ciencias sociales, no me queda más remedio que afirmar, parafraseando a Sartre, que el estudiante es una pasión inútil. Soy consciente de que, en definitiva, el estudiante es una construcción social y esta es la deformidad que hemos creado. Lo del sapere aude es cosa de unos pocos.

lunes, 26 de marzo de 2018

Vídeos y entrevistas sobre tiempos escolares en Aínsa

Aquí están los vídeos de la jornada sobre tiempos escolares en Aínsa:

https://www.youtube.com/watch?v=dsif455fFw8&t=48s  (Rafael Feito)


Aquí están las entrevistas realizadas por una periodista antes del comienzo de la sesión:
http://www.sobrarbedigital.com/debate-los-tiempos-escolares-colegio-ainsa-audios/