jueves, 1 de octubre de 2026

Josema Yuste (Martes y Trece): un posible ejemplo de "cuñadismo" liberal

Josema Yuste: un ejemplo de "cuñadismo" liberal

 El pasado 28 de septiembre, el diario El Mundo publicó una entrevista al cómico y actor Josema Yuste, conocido, sobre todo, por ser uno de los componentes del dúo Martes y Trece. Más abajo adjunto la entrevista (el enlace es https://www.elmundo.es/papel/2026/09/28/6ab3c3d521efa0372d8b456e.html).

De la entrevista, me ha llamado poderosamente la atención su percepción de cómo vivió la dictadura. Yuste nació en 1954, es decir, vivió su infancia, su adolescencia y parte de su primera juventud durante el régimen franquista. Creo que lo que dice ilustra bien un rasgo de eso que suele llamarse franquismo sociológico, es decir, la normalización del régimen y el fomento del apoliticismo. Considera que con "Franco, no notaba que viviera en una dictadura. Sabía que era así, pero no lo notaba". Y más adelante añade: "Si no hacías nada y no salías con una pancarta política, no te pasaba absolutamente nada". Justamente en esto consiste un régimen dictatorial: se reprimen el pluralismo y la libertad. La jaula solo se nota cuando se choca con los barrotes. Por otro lado, no bastaba con no agitar una pancarta para librarse de que a uno le “pasara algo”. Los ejemplos abundan, pero basta con pensar en lo que podía suceder con las personas homosexuales o en el dato de que las mujeres tenían menos derechos que los hombres.

Su referencia a la guerra civil no tiene desperdicio: "alguien la tenía que perder y fue la izquierda". Es como si fuera un partido de fútbol.

Y, como no podía ser menos, nuestro entrevistado se suma a la idea de que el cine español es sectario. Yuste considera que no se le llama para hacer películas por ser de derechas, con lo que da por supuesta su calidad como actor. Y de paso afirma que los artistas de izquierdas que ha conocido "viven de puta madre en casas acojonantes" lo que es de suponer que les inhabilita para cualquier crítica referida a las desigualdades sociales. No pongo en duda que él tan solo conozca a los que, como es también su caso, han triunfado. No hace falta indagar mucho para saber que la mayor parte de los actores y actrices malviven de su profesión. Justamente, esto es lo que le pasó a él cuando cuenta que, de joven, él y sus amigos "no teníamos un puñetero duro".

En la entrevista, Yuste se presenta como un excepcional baluarte contra ETA: "Ningún actor ha dicho que eran unos asesinos despreciables. Sólo yo y dos más". La aritmética parece poco precisa. Con respecto a Hamás, dice que quienes hablan de genocidio no critican a este grupo terrorista.

En lo que se refiere a la situación en Ceuta, Yuste propone devolver a "esa gente" a Marruecos. Dice que se puede "perfectamente" con un estado de excepción o con un decreto ley. Con ello pasa por alto las garantías amparadas por la legislación. En Ceuta ya tenemos un precedente de lo que no se debe hacer. En mayo de 2021 entraron unas 15.000 personas, entre ellas unos 1.200 menores. Entre el 13 y el 16 de agosto de ese año se devolvió a Marruecos a 55 menores. El 11 de septiembre de 2025 la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Cádiz, con sede en Ceuta, condenó por prevaricación a la exdelegada del Gobierno, Salvadora Mateos, y a la exvicepresidenta del Gobierno de Ceuta, Mabel Deu. La pena fue de nueve años de inhabilitación. La sentencia dice que se actuó sin seguir el procedimiento legal ni valorar la situación de cada menor. España está obligada a cumplir la Convención de Ginebra, el Convenio Europeo de Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos del Niño.

Nada tengo contra este humorista, pero sí contra este tipo de "cuñadismo" que deteriora la democracia.

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Josema Yuste (Madrid, 1954) está hecho un pincel. Su receta es gimnasio y golf por la mañana y trabajo por la tarde, pues acaba de estrenar la cuarta temporada de su obra ‘Que Dios nos pille confesados’ en el teatro Muñoz Seca de Madrid. Amable y tranquilo, los años no han hecho más que acrecentar las diferencias (también las ideológicas) con el torbellino que es Millán Salcedo, la otra mitad de la versión de Martes y Trece que conquistó España en los 90 hasta que ya no pudieron más.

Lo de seguir trabajando, con el dinero que has ganado, ya es vicio.

Sí, un poco. Está bien definido así. Soy el primer sorprendido, pero tengo una ilusión muy parecida a la que tenía cuando empecé hace 50 años aunque sin la necesidad de tener que trabajar para comer, que da mucha paz. Podía haberme retirado tranquilamente, pero sigo porque quiero y porque puedo. Todavía tengo la cabeza en su sitio, tengo memoria y tengo la ilusión, que es la que mueve montañas. Sin ella no vas a ningún lado en este oficio. Además, el médico me dijo: "Si puedes, no dejes de trabajar nunca aunque sea un poquito porque tener la cabeza en activo y el cuerpo en movimiento es calidad de vida y es salud". Así que, mientras pueda, aquí seguiré.

¿Se hace raro seguir en activo cuando uno ya es una leyenda por su trabajo anterior?

Para hacerlo tienes que olvidar que fuiste esa persona y saberte reinventar. Empecé siendo un actor de teatro desconocido, pasé a ser humorista famoso, volví a ser actor en televisión y cine y regresé, al final, al teatro. En todos esos pasos, he tenido la fortuna de que la gente siempre me ha comprado, me ha seguido y me ha respetado, pero también he puesto de mi parte porque he respetado a mi profesión, a mis compañeros y, sobre todo, al público. He sido muy honesto con mi trabajo. Hago reír a través del humor que me gusta a mí, que coincide con los gustos de un sector de gente importante. Trabajo el humor blanco, absurdo y surrealista, que nunca pasa de moda.

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El hecho es que sigues llenando el teatro.

Sí y eso no es fácil. Esta carrera no es sencilla y no puedes despistarte, defraudar ni perjudicarte a ti mismo y a tu salud. Somos un poco como atletas, no tenemos que hacer mil flexiones, pero debes estar bien físicamente, con buen aspecto exterior e interior a la hora de pisar un escenario o un plató. Eso de la vida disipada del artista es un error.

¿Siempre has sido un tío así de formal?

Sí. Soy un tío formal, pero no hago las cosas por lo que la gente piense de mí, las hago porque me apetece y porque es lo que me gusta. No me vendo al por mayor ni al por menor, yo soy yo y soy sincero conmigo mismo. Si no fumo, no bebo y no me drogo, es porque no me apetece. Fumé unos años de joven y lo dejé porque era una mierda, me sentaba fatal y estaba todo el día afónico. No me drogo porque me parece el mayor error que puede cometer un ser humano. Y soy formal y hago ejercicio porque me gusta. Si me gustara lo otro, lo haría.

¿Cómo se era formal siendo joven en ese Madrid y esa España de los 80 que se abría a la libertad?

He sido joven y me he divertido, obviamente, pero nunca he estado en la droga, en el desfase ni en la noche hasta las 7 de la mañana todos los días. Los demás salían y yo me iba tan tranquilo a casa. Me he fumado tres porros en mi vida y me he dado cuenta de que es una gilipollez y me da taquicardia. Nunca más en mi vida.

¿Cómo valoras esos años de la Transición?

La llegada de la democracia fue un momento de esplendor, de ilusión y de esperanza. He vivido las dos Españas, tengo 72 años. Con Franco, no notaba que viviera en una dictadura. Sabía que era así, pero no lo notaba. Mi padre era un hombre recto y recibí una educación normal, de valores, honradez y honestidad. Lo que era mi padre. Evidentemente, cuando llega la democracia, hay una liberación que me gusta. Ganamos en muchísimas cosas, aunque hemos perdido en otras.

¿En cuáles?

Creo que la libertad debe tener unos límites. Por supuesto, prefiero siempre una democracia a una dictadura, sea de derechas o de izquierdas, que para mí son exactamente lo mismo. Yo soy demócrata y mi padre lo era también, pero vivíamos bajo el régimen de Franco y era lo que había. Si no hacías nada y no salías con una pancarta política, no te pasaba absolutamente nada.

Hombre, la lista de represaliados es larguísima.

Sí, pero era si te implicabas en esas cosas. Prefiero la democracia porque la libertad es maravillosa, eso que quede claro, pero no puede ser que se convierta en anarquía y últimamente lo parece a veces.

Me dijo Millán que considera que Martes y Trece sois parte de la Movida.

Claro, coincidíamos con Alaska y todo ese mundo en los sitios, lo que pasa es que los humoristas éramos como una raza aparte. La música trae un tipo de público y de vida más de madrugada, de alcohol y de ciertas drogas. Nosotros hacíamos nuestra gala y para casa. Además, no estaba de moda el humor y éramos muy pocos: Esteso, Pajares, nosotros y cinco más. No nos mezclábamos, al menos yo. Millán más, a él ese ambiente sí le gustaba, pero a mí nada. Con los actores sí había más trato porque coincidíamos en el famoso café Dorín, al lado del Teatro de la Comedia.

Allí era dónde iban todos los actores jóvenes a ver qué se cocía en el mundillo.

Sí. Nosotros no teníamos un puñetero duro y un día fuimos cuatro o cinco amigos, nosotros, José Luis Gil y alguno más, a tomar un café y hablar de proyectos y sueños. Tras cuatro horas allí sentados con un café cortado y un vaso de agua a compartir entre todos, el camarero ya vino a echarnos de la mesa. Nos levantamos con una humillación acojonante y nos fuimos, pero al salir me quedé mirando la puerta y pensé: "Algún día volveré y me tomaré el plato combinado". Tenían un plato combinado acojonante con un filete de ternera de puta madre, una tortilla francesa y unas croquetas de jamón. Era la hostia, pero yo no podía pagarlo. A los pocos años volví, me lo comí y se lo conté al camarero. Era otro camarero, pero me daba igual, para mí suponía haberlo logrado.

En realidad, vuestro éxito fue rápido. Desde que os juntasteis hasta que José María Íñigo os llevó a la tele, en 1978, pasaron un par de años.

Fue absolutamente inesperado. Un día, empezamos a escribir cuatro chorradas que no sabíamos ni a quién ni cómo vender. Entonces dije: "Yo me encargo". Me gusta siempre tomar un poco el liderazgo y, además, era el serio, me iban a creer más que a Millán o a Fernando [Conde, tercer miembro de la formación original]. Íbamos por los los bares donde había actuaciones, pero no nos hacían ni puto caso. Sólo querían cantantes protesta, no cómicos. Así hasta que en el Pub People, un sitio superbonito en la calle Guzmán el Bueno, nos hizo caso el dueño. Le caímos en gracia y nos invitó a actuar 15 minutos el siguiente sábado, justo después de un evento en el que daba un premio a Andrés Pajares. La sala estaba abarrotada. Fuimos, actuamos y caímos en gracia. Se partían con las trillizas, que las hicimos allí antes de salir en televisión.

¿Esa noche arrancó todo?

Sí. Entre el público estaba Gloria Fuertes, que nos dijo después la actuación: "Me habéis gustado. Tenéis alma, tenéis ángel y llegáis a la gente. No os separéis nunca porque tres es el número mágico". Lo clavó [risas] porque a los seis años se fue Fernando y siendo dos es como explotamos. Luego han pasado muchas cosas y acabamos como acabamos, pero aún voy por El Corte Inglés y se me acerca la gente a decirme nuestras expresiones de hace 40 años. Hostia, es bonito. Me entra un cosquilleo de saber que hemos hecho algo que va a perdurar. Estar en el lado positivo de la Historia de este país es muy bonito. Me emociona, lo confieso.

¿No ha sido una sombra permanente para el resto de tu carrera?

Triunfamos jóvenes y eso nos ha dejado mucha vida después. Eso es un chollo, no nos engañemos. Hemos tenido mucho tiempo para disfrutar de las recompensas de ese éxito. Lo que pasa es que hay momentos en los que te hartas de que todo sea el pasado. Cuando empecé a intentar reinventarme como actor, la gente sólo me veía como el de Martes y Trece. Al principio me molestaba, pero esa rabia me duró poco porque entendí que mi pasado es mi mejor tarjeta de visita. Se me pone al teléfono todo el mundo, hasta grandes políticos.

¿Quiénes?

Desde la presidenta de la Comunidad de Madrid hasta Alfonso Guerra y, por supuesto, en mi profesión muchísimos directores y productores. Enseguida entendí que no puedo estar en contra de Martes y Trece porque no puedo evitar la realidad: eso es insuperable. Así que me hice amigo de mi pasado y voy con él encantado de la vida. En buena parte, gracias a eso estoy hoy aquí contigo y ahora mismo estoy enamoradísimo de Martes y Trece y agradecidísimo a mis compañeros, Millán y Fernando, que me han dado todo eso.

Tu relación con Millán no ha sido precisamente fácil y hay tantas versiones que es difícil saber la verdad.

Yo nunca jamás he mentido.

¿Él sí?

No lo sé [risas]. Ahí lo dejo. Yo nunca he mentido, eso te lo puedo asegurar.

¿Siempre fuisteis el rojo y el facha, con perdón, o eso vino con los años?

Bueno, Millán no sé lo que es, no lo sabe ni él. Es un ser libre, muy anárquico… En cuanto a mí, facha nunca he sido aunque me lo llamen, pero siempre he sido un demócrata de centro derecha. Siempre. Siempre. Mi padre lo era, me lo transmitió y yo lo soy. Creo en la superación, el trabajo y el esfuerzo de la gente y creo en la democracia mucho más que mucha gente de izquierdas. De hecho, también me considero mucho más tolerante que mucha gente de izquierdas. Te puedo asegurar que conozco a muchos que van de liberales y luego son más intolerantes que la madre que los parió. Especialmente, en el cine. A mí no me llama ni Dios para el cine.

¿Por ser de derechas?

No tengo la más mínima duda, pero me importa una mierda porque me va muy bien. Eso sí, no admito lecciones de tolerancia. Como productor, yo contrato a los actores por su talento y jamás les pregunto a quién votan. En mi compañía, tengo comunistas y tengo del PP, sólo me importa que trabajen bien, pero el cine español no funciona así y lo digo con conocimiento de causa. Me da igual. He sido siempre así y no voy a cambiar.

Existe la idea de que el artisteo del Madrid de la Movida era todo de izquierdas, pero los años han descubierto que no, desde Alaska a Nacho Cano.

Y muchos más que no lo dicen porque no se atreven, te lo aseguro. Yo sé que hay gente muy famosa que piensa como yo, que son de derecha liberal, y se callan porque es mejor para su trabajo. No voy a decir los nombres porque respeto lo que cada uno decida hacer, pero me da un poco de pena que no sean valientes. La gente de izquierdas es mucho más valiente y atrevida que la de derechas en el mundo de la cultura. Hay cierto complejo. La cultura en España es de izquierdas como industria, pero te sorprendería saber la cantidad de artistas que son de derechas o, al menos, no apoyan a este Gobierno. Son socialdemócratas que ven la que están liando Sánchez y compañía, pero siguen callados.

¿Ni siquiera la época dorada del felipismo, flirteaste con la izquierda?

No. Lo tengo clarísimo: ni he votado al PSOE y a la izquierda ni les votaré nunca. No me han demostrado merecerlo. Zapatero decía que ser socialista es tener poco y estar dispuesto a dar mucho, una frase que sabiendo lo que ahora sabemos de él es repugnante, una hipocresía acojonante. Los políticos y artistas de izquierdas que he conocido viven de puta madre en casas acojonantes, con un nivel de vida de la hostia y no se comunican con el pueblo. Están en una isla. No entiendo esa doble vara de medir, esa hipocresía, esas críticas a Israel sin una sola palabra negativa hacia Hamás… ¿Estamos locos? O cuando ETA mataba, ningún actor ha dicho que eran unos asesinos despreciables. Sólo yo y dos más. ¿Qué coño les pasa?

¿La polarización es algo nuevo o ya existía en los idealizados 80 y 90?

Desde principios de los 90, esa sensación de país feliz era un poco espuma, pero en la Transición se demostró que las dos Españas podían remar juntas. La gente se unió y entendió que había que dejar atrás el pasado para avanzar. Hubo una guerra con barbaridades y muertos de los dos lados, alguien la tenía que perder y fue la izquierda, lo que vino después fue difícil y para avanzar teníamos que unirnos y continuar juntos como país para lograr la democracia. Es la única vez que toda España ha trabajado junta y para eso hay que dialogar y ser un demócrata de verdad, cuando eres un intolerante como tantos de izquierdas es imposible.

La derecha no está libre de intolerantes.

Hombre, claro. Cuando digo que soy demócrata liberal es porque estoy más cerca del centro que de ningún extremo. No puedo con la derecha extrema ni con la extrema izquierda, pero este Gobierno llama extrema derecha todo el rato a Vox y no llama extrema izquierda ni a Sumar, ni a Bildu, ni a Podemos. Por favor, ¡qué hipocresía!

¿Qué te pone tan nervioso de Pedro Sánchez?

Me saca un poco de mis casillas porque me parece un personaje siniestro, patético y absolutamente enloquecido. Ahora veo a Sánchez como a Nerón viendo Roma arder y gozando el momento. Ve que en Ceuta la gente lo está pasando como el culo, que no pueden salir a la calle, que hay intentos de violación y asquerosidad en las playas, pero no hace nada, parece que lo disfruta.

¿Qué harías tú?

Devolver a esa gente a Marruecos. Se puede perfectamente instaurando el estado de excepción o haciendo un decreto ley, que los hace todo el rato cuando le apetece. Hay muchas fórmulas. No se da cuenta que siendo tan servil y complaciente con Marruecos es mucho peor. Se ha demostrado, les regaló el Sahara y mira. Van a seguir queriendo más. Es un mentiroso compulsivo y no puedo estar de acuerdo con él prácticamente en nada. Si tuviera que decir algo bueno de Sánchez, no se me ocurriría nada. De verdad, nada. Ha mentido como un bellaco y dice que España va de maravilla, pero ha subido un 41% el precio de la compra desde la pandemia. Hay cosas que él no puede controlar, está claro, pero otras sí y no sabe. Gobierna, pero no manda.

¿Eran mejores los políticos de antes?

Sin duda. La gente de UCD ejerciendo de bisagra, Carrillo y Fraga asumiendo que tenían que llegar a acuerdos en el 78, incluso el PSOE de Felipe González pese a la corrupción del final. Aquí corrupción ha habido en la derecha, la izquierda, abajo y arriba y la va a seguir habiendo. Desde el concejal que se lleva 2.500 euros hasta el ministro que amaña obras, es inherente de la política española. Es una pena, pero es así. El caso es que hoy en día entenderse es imposible con esta izquierda extrema, que lo es porque Sánchez no es un socialdemócrata sino un socialcomunista.

No sé si muchas personas de izquierdas estarán muy de acuerdo en que sea siquiera socialista viendo sus políticas en cuestiones como la vivienda, la verdad.

Bueno, es que por encima de todo Sánchez es de Sánchez. Es un ególatra, un hedonista, un personaje que vive en su mundo de paranoia y de enloquecimiento absoluto. Siento decirlo de un presidente del Gobierno, pero es lo que pienso y lo que me transmite.

¿Cómo llevaste los años de los especiales de Nochevieja y la fama disparada?

Me levantaba el día 1 de enero con la legaña, veía los saltos de esquí y el concierto de Viena [risas]. Siempre he tenido los pies en la tierra y no me he dejado llevar por el éxito.

¿Cómo funcionasteis tan bien dos tipos tan distintos como Millán y tú? En realidad, hay muchos dúos cómicos repiten ese modelo del serio y el anárquico, desde vosotros a Cruz y Raya pasando por Faemino y Cansado.

Es bueno que los dos no piensen igual y se complementen. Hay un caso muy curioso que es el de Tip. Antes de Coll, formó Tip y Top Tip con Joaquín Portillo, que era un locutor de radio que también tenía un gran sentido del humor, pero muy parecido al de Tip y aquello no triunfó demasiado. Luego conoció a Col y aquello estalló. Les pasaba un poco como a Millán y a mí, derecha e izquierda, serio e imprevisible… Millán y yo no éramos distintos, éramos muuuuy distintos. Opuestos. Y funcionó porque yo sujetaba a Millán en muchas locuras, porque a veces se le iba la cabeza, y él me hacía ver que hay que ser un poco más atrevido. Siempre funcionamos de una forma bastante democrática.

¿Discutíais mucho?

Todo el rato, pero ninguno de los dos éramos ni somos rencorosos. A mí los cabreos no me duran nada porque no me compensan. Discutíamos por los planteamientos de los sketches y porque tenemos dos mentes totalmente dispares, pero al final siempre llegábamos a un medio acuerdo.

¿Cómo os lleváis ahora?

De vez en cuando intercambiamos algún mensaje y no hay ningún problema. Lo que pasa, y lo siento porque sé que le molesta, es que creo que la amistad es otra cosa. Amigos no hemos sido nunca. Hemos tenido una relación de pareja profesional y hemos compartido hotel y comido juntos siempre, porque charlar y compartir es importante, laboralmente, pero luego cada cual tenía su vida. Quedar para cenar o ir al cine ha pasado muy rara vez, alguna al principio, porque somos muy diferentes en todos los sentidos y es complicado que seamos amigos. No pasa nada, yo le aprecio mucho igual.

Me dijo que le jode mucho que la gente que se le acerca, para elogiarle, se mete contigo, que a ti sólo te insulta él.

No creo que le pase tanto. Puede hacerte más gracia uno u otro, pero al 95% de la gente le gustaba Martes y Trece. No es una competición de popularidad, nunca lo ha sido.

Con lo que no os ponéis de acuerdo es con quién decidió romper en 1999. Millán sostiene que fue decisión suya y que tú no estabas de acuerdo.

Empecé la entrevista diciendo que yo no miento en general y tampoco respecto a eso. Digo la verdad y, si no quiero decir algo, me callo, pero mentir me parece un error que siempre acaba yendo en tu contra. Mira, nuestro final no fue cosa de un día sino de un par de años. La presión empezaba a ser insoportable. Hacíamos un 51% de audiencia en el especial de Nochevieja y al día siguiente ya estábamos agobiados con qué hacer el año siguiente para tener un 52% y no un 50%. ¿Qué nos queda por hacer? ¿A quién invitamos? Joder, era la hostia y eso nos llevó a decidir que ya no podíamos más. Eso por un lado. Por otro, interiormente ya estaba un poquito quemado y cansado de discutir con Millán. En esa época discutíamos constantemente.

¿Por qué?

Porque él se quería ir desde hace cinco años y yo le decía: "Joder, tío, aguanta, que nos va de puta madre y son 20 galas y dos especiales al año. Tampoco es para tanto. Aprovecha y ahorra, que es un dinero importante y, si nos van mal las cosas luego, nos va a permitir estar en el paro y tener para vivir". Cada dos por tres, él volvía a liarla con que no podía más y otra vez la misma pelea. Entonces, me ha echado en cara siempre que yo le forcé a quedarse, pero es injusto porque gracias a eso él ha podido vivir todos estos años después de la separación en los que ha trabajado muchísimo menos que yo. Esa es la realidad.

¿Quién lo dejó, entonces?

Yo. Josema Yuste, que está aquí sentado. Un día dije: "Ya no puedo más y quiero que nos separemos". Lo dejé yo, lo que sí es cierto es que, durante cinco años, él quería irse y yo le retuve. Eso lo reconozco, pero, coño, lo hice con argumentos y con buena fe. "Estás ganando más dinero que en tu vida, no tenemos ni 50 años, espérate un poco, coño".

¿Has calculado cuánto dinero dejaste de ganar por romper Martes y Trece?

Es incalculable. Al año siguiente nos pusieron delante un cheque en blanco por hacer el especial de Nochevieja del 2000, pero la decisión era irrevocable. Cuando nos separamos, teníamos claro los dos que ya no había vuelta atrás.

¿No habéis tenido la tentación de explotar la nostalgia, hacer una gira de reencuentro y forraros?

Nunca jamás. Después de separarnos, hemos hecho una cosa benéfica y ya. No había forma de reconstruir aquello y tampoco creo que ninguno de los dos quisiera, acabamos muy quemados, pero mi balance de toda aquella aventura es positivo en un 99,9%. El 0,1 restante son las discusiones con Millán. No me gusta discutir sin llegar a puntos de acuerdo porque eso es intolerancia y al final cada vez nos pasaba más. Hay que llegar a acuerdos, es lo que echamos de menos en los políticos ahora, que todo lo quieren imponer por cojones. Nosotros fuimos las dos Españas que dialogaban, ya podrían aprender, pero no tiene pinta.

¿Cómo valoras el revisionismo de algunos de vuestros gags como el de "mi marido me pega"?

Es absurdo mirar aquello con los ojos de hoy. Cada vez se juzga más y para el cómico o el actor existe una autocensura por miedo a que te cancelen los populismos de todas las ideologías. Eso es lo que me enerva. Soy de centro derecha liberal, pero veo muy bien la socialdemocracia real, podría llegarla a votar si la alternativa fuera una derecha de mierda o incompetente. Lo que pasa es que ahora no hay un partido socialdemócrata, sólo populismos y extremismos. El sanchismo, Vox, de Bildu ni hablemos… El chico de Esquerra, Rufián, no es el peor, no tiene malas intenciones aunque yo no coincida ideológicamente con él. El caso es que cuando hicimos ese gag no sabíamos de la violencia de género lo que sabemos hoy, igual que nos pasó con las drogas. Éramos ignorantes en eso.

¿Te arrepientes de algo?

No, porque vivía en ese momento, esa circunstancia y esa España. Hoy no escribiría ese gag, pero no se puede comparar la España de hoy con la de hace 40 años. Es injusto e hipócrita. Hay gente que dice que los 80 eran mejores y más libres, pero yo creo que no hay época mejor ni peor. Me ha tocado vivir las dos Españas y he aprendido que todo cabe desde el diálogo y la democracia.